Yo era una niña sola, en una familia normal. Tres historias de abuso sexual infantil

Ilustradora: Becky Jaraiz
Ilustradora: Becky Jaraiz

El primer episodio de mi vida donde un hombre usó mi cuerpo sin permiso fue cuando yo tenía 8 ó 9 años. Iba hacia el colegio sola después de haber comido en casa, el camino estaba frecuentado de otros niños y niñas, algunos con sus madres. Era verano, yo llevaba un vestido de cuerpo plisado verde prado, con tirantes a juego con la tela estampada de pequeñas florecitas de la falda. Me encantaba ese vestido.

En algún momento un señor mayor se acercó a mí, la imagen difusa que tengo de él es la de mi abuelo materno, pero quizás tampoco se parecía, porque murió cuando yo era muy pequeña. Interpreto que su aspecto era de abuelo.

Me preguntó si podía acompañarme al colegio, y así hizo.

No recuerdo en qué momento pasó su brazo por mis hombros y puso su mano sobre mi pecho plano bajo la tela del vestido.

Recuerdo estar esperando un semáforo y ver las caras de las madres en la acera de enfrente, también esperando. Recuerdo que miraban con desaprobación, y yo pensaba… esto no está bien ¿verdad? ¿por qué no le dices algo?pero nadie dijo nada, solo miraban y pasaron de largo…

Llegamos al colegio y ahí quedó todo.

Nunca conté nada.

El siguiente que recuerdo fue, también en edad impúber, en la portería de mi casa.

Un señor de mediana edad y aspecto confiable me dijo que estaba buscando a una persona que vivía en aquel edificio, que si podía entrar a mirar en los buzones porque desconocía el piso.

Le dejé entrar y me pidió que le ayudara a buscar. Miramos los buzones y no encontró el nombre que necesitaba. Entonces me propuso acompañarle a mirar en las placas de las puertas de los pisos, que igual así tenía más suerte. Empezamos a subir la escalera.

Yo no sentía miedo, no sabía que un hombre a solas con una niña en un edificio de vecinos de la Eixample de Barcelona podía ser un peligro.

Cuando estuvimos delante de la primera puerta, en la escalera siempre silenciosa, me dijo que no podía ver bien, y volvió a pedirme ayuda. Me alzó rodeándome con los brazos y poniendo sus manos entre mis muslos apretando mi vulva. Ahí sentí miedo… escuchaba el silencio… notaba su respiración en mi nuca… Solo deseaba que su amigo viviera en uno de los pisos bajos.

En un momento dado, no recuerdo cuantos pisos o puertas después, decidió que quizás se había equivocado de edificio, me dio las gracias y se fue.

Tampoco conté esto.

Nunca antes lo había contado.

El siguiente sí que lo he explicado pues me costó años de terapia y un lastre de por vida. A mis 11 años mi hermano 4 años mayor decidió que yo era una muñeca muy apetecible con la que practicar sus inquietudes de macho adolescente.

Tampoco conté nada entonces… hasta casi 10 años después.

Ninguno de ellos me violó, ninguno de ellos me pegó, ninguno de ellos dejó una marca física que hiciera visible su abuso, y ahora sé que si no pasó, fue porque ninguno de ellos quiso, pero siempre callé porque pensé que nada de esto tenía importancia. Yo era una niña que no confiaba en los adultos. Era una niña sola, en una familia normal.

Sobre Dori Castilla

Dona, encara descobrint que vol dir. Actualment visc a l'Àrtic (m'hi he trobat). Treballadora social de formació i multifacètica de professió, aprenent compulsiva, dormilega, xerraire i riallera.

3 thoughts on “Yo era una niña sola, en una familia normal. Tres historias de abuso sexual infantil

  1. Hola Dori,

    Enhorabuena por romper el silencio y hablar claro. Dices que tardaste 10 años en hablarlo, pero hay quien nunca consigue hablarlo, y más en casos de ASI intrafamiliar como el tuyo. Así que enhorabuena una vez más por tu valentía.

    Dices que has estado mucho tiempo en terapia, pero, en todo caso, te dejo el link a ForoGAM, un grupo de ayuda mutua para supervivientes de ASI (y familiares y amigos de supervivientes):

    http://forogam.foroactivo.com/

  2. Me siento identificada con todo lo que cuentas. Yo creo que a todas las mujeres , niñas adolescentes o adultas no han pasado algunas de estas cosas. Dejan huellas que no se ven, pero que son como heridas abiertas que sangran en las relaciones con otros seres, sobre todo del sexo masculino.

  3. A mis 11 mi hermano, de 14, decidió lo mismo, y tampoco dije nada hasta los 15. La única pregunta que hizo mi madre fue: “Pero ya no lo hace, ¿no?”. Me recuerdo con cuerpo de niña mirándome en el espejo y preguntándome si podría estar embarazada. Dos años después decidí yo pedirle explicaciones a él. Al principio me dijo que no sabía, qu no recordaba, pero insistí hasta que lo reconoció e intentó pedirme perdón.

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