Un putón sobresaliente

Autora: Hélène Delmaire
Autora: Hélène Delmaire

Hace unos años, cuando todavía pensaba que eso del machismo lo sufrían otras, pobrecillas, más desafortunadas que yo, me cambié de instituto. Afrontábamos la recta final de bachillerato y, con cierta regularidad, la orientadora del centro nos daba charlas sobre las distintas salidas profesionales. Aquella mujer se caracterizaba, sobre todo, porque siempre encontraba la ocasión de exaltar la figura de su hija A, una prometedora y talentosa estudiante de Derecho. Antes de que acabara el primer trimestre, yo ya conocía muchos de los logros académicos de A, a la que no había visto nunca. Y me llamaba la atención que, cada vez que la orientadora nombraba a su excelsa hija, mis compañeros se miraban de soslayo y esbozaban sonrisillas sardónicas. Al principio, lo atribuí al desenfrenado orgullo de la mujer, pero después descubrí que el motivo de burla general era otro. Al parecer, A era un auténtico pendón. Una juerguista ligera de cascos. Si la madre lo supiera, no presumiría tanto de ella. El nombre de A no salía en ninguna conversación sin que nadie comentara sus excesos. Sí, sí, muy lista la niña, pero anda que no es putón.

Así que, durante los dos años de bachillerato, cada vez que el nombre de A escapaba de los labios de su orgullosa madre, a mi mente siempre venían palabras como puta o fulana. Mis pensamientos pasaban por encima de la beca de atracción de talentos y de las matrículas de honor para centrarse en lo verdaderamente importante: A de fiesta, borracha, saltando de tío en tío. Si la madre lo supiera…

Ahora que ya estoy en un A2 de feminismo y me ha dado por analizarlo todo – para pesar de mis amigos masculinos –, me echo las manos a la cabeza al recordar mi yo de hace tan sólo un par de años. Sí, la chavala tenía marcadas inclinaciones báquicas, ¿y qué? ¿Es que acaso es incompatible con la excelencia académica? Parece que las empollonas, que las primeras de la clase, tienen que vivir en régimen de clausura, volcadas por entero en sus estudios, con la mente bien sobria y las piernas cerradas. ¿Por qué una chica no puede salir de fiesta un sábado y sacar un sobresaliente en el examen del lunes? ¿Por qué no puede acostarse con uno distinto cada semana y ser una crack en su carrera? Ni todas las rubias de discoteca son estúpidas; ni todas las empollonas, mojigatas. Y, qué coño, anda que no tiene mérito saber alternar las dos cosas. Por no hablar de que, si fuese un hombre, todos admirarían su talento para ligar; pero, claro, de una mujer con éxito entre los hombres sólo podemos decir que es una puta.

A, no te conozco y no sé qué es de ti hoy, pero creo que nos has dado una lección a todos. Por ser la prueba fehaciente de que se pueden hacer saltar por los aires los estereotipos. Por saber disfrutar al tiempo que te forjas un futuro brillante. Por darte exactamente igual lo que los demás piensen de ti. Siento haberte prejuzgado y haber tenido un pensamiento inconscientemente machista. Tu madre puede estar bien orgullosa de ti.

Sobre Nora Helmer

"Never underestimate the power we women have to define our own destinies."

One thought on “Un putón sobresaliente

  1. No tengo nada que añadir. Desde siempre me inculcaron que si quería tener éxito debía estudiar mucho y sacar buenas notas y no “salir por ahí como hacen otras” a las que “no les da vergüenza, sus padres no las educan”.
    Durante mucho tiempo pensé que la diversión no era para mí, que una mujer no se puede emborrachar, que una mujer no puede tener muchas relaciones, que yo era “de un solo hombre”, de “relación estable”. Todo mentiras de un sistema machista. Todavía hoy en día me quedan secuelas de esa educación represiva, pero poco a poco van saliendo gracias a páginas y artículos como este.

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