‘Soy virgen’: El tabú del siglo XXI

Autora: Adara Sanchez Aguiano
Autora: Adara Sánchez Aguiano

 

‘¿Y eso?’. Cada vez que reúnes el valor para admitirlo ante alguien a quien has comenzado a considerar de confianza, esa es la reacción más comúnmente obtenida. Y llega la vacilación. Porque no tienes respuesta. Y no la hay.

Que la sociedad actual del primer mundo está sustentada sobre una cultura basada en la imagen no es nada nuevo. Ahora bien, no todos los estereotipos están revisados con profundidad y de la manera en que requerirían.

Las reivindicaciones feministas se centran principalmente en qué puede hacer la mujer de manera activa, en todas aquellas actitudes tradicionalmente condenadas como ‘deplorables’ o ‘indecentes’. Tratan de revisar la imagen de la mujer y dotarla del potencial necesario para expresarse de todas las maneras que ella desee.

Sin embargo, un punto de vista totalmente opuesto pero igualmente legítimo es aquello a lo que la mujer tiene derecho a no hacer. La libertad de elección tiene una cara que muchos ignoran, y es precisamente la posibilidad de decidir no actuar.

Se nos repite incansablemente que el sexo es un objetivo que debe ser perseguido. La recompensa es prestigio, por supuesto. En este punto es donde entran las cifras y lo que debería ser la búsqueda del placer íntimo se transforma en una carrera desenfrenada por batir la última marca: ¿17? ¿16? ¿14?

Y cuando dejamos los años a un lado y nos centramos en el número de encuentros, haber perdido la cuenta es muchas veces una excelente señal. Es la suma de todos estos datos estadísticos la que conforma en última instancia el grado de admiración que te has merecido tras tus innumerables logros.

En algún punto de este desesperado proceso por contrarrestar la idea del sexo que promulgaban nuestras abuelas, alguien parece haber olvidado el verdadero motivo que puede llevar a una mujer a decir ‘sí’. Podrían enumerarse a lo largo de varias páginas las razones, dado que la sexualidad es un aspecto absolutamente personal y, por tanto, complejo en todos sus matices. Hay tantas maneras de vivir el sexo como personas que lo practican. Todas son igualmente válidas en la medida en que respondan a un deseo genuino. Pero en el momento en que esas razones individuales se confuden con las expectativas de la sociedad o con una idea de proyección de un determinado perfil, algo se nos pierde.

Nadie debe tener el derecho a intervenir en una faceta que pertenece a uno de los ámbitos más íntimos de una persona. Parece ser que debemos recordarnos una vez más que si hay un ‘sí’ también hay un ‘no’, y que ninguna de ambas opciones merece en absoluto verse expuesta ante un juicio ajeno.

Las cifras tambalean y los esquemas se nos rompen. Y es que el ‘no’ está asociado a una determinada actitud, etiquetada siempre mediante los mismos términos:estrecha‘, ‘mojigata‘, ‘frígida‘. Alusiones gratuitas que clasifican a una mujer en función de sus decisiones personales, las cuales pueden verse influidas por factores que las hagan perfectamente justificables. Y si no existen esos factores, puede darse la posibilidad de que el ‘no’ carezca de un motivo específico (‘porque no me da la gana y punto‘).

La tarea más complicada siempre es la misma: la aceptación de la diversidad y la tolerancia ante el concepto de que la personalidad es una construcción individual a la par que social. A la hora de la reivindicación, el arma más poderosa es siempre la firme confianza en unos principios propios. Mis actos tienen un sentido que yo he escogido, y este es un ámbito en el que ninguna otra persona puede entrar. Y por supuesto, dichos actos jamás podrán ser la excusa para atribuirme una etiqueta que pretenda definir mi identidad como mujer.

Sobre Irene Velasco López

Filóloga, profesora, escritora, viajera y soñadora. Ante todo, aspirante a la posesión de un pensamiento propio.

4 thoughts on “‘Soy virgen’: El tabú del siglo XXI

  1. Me ha parecido muy necesario tu comentario sobre el derecho a la virginidad 🙂 es cierto que, en determinados círculos, está super mal visto… por un lado está la hipersexualización de los jóvenes a los que les enseñan una determinada sexualidad y los roles de género desde muy pequeños… y, por otro, algunas mujeres creen que para ser iguales que los hombres, tienen que imitar también su actitud de “folladores” y basar su prestigio en que se follan a quien quieren… en cualquier caso, existe una presión social muy grande sobre una decisión que es íntima.

    Comento brevemente mi caso personal. A los 20 años entré en una tuna femenina. Mis compañeras tenían una actitud muy chula, de “me follo a quien quiero” (como si el sexo consistiera en aprovecharse del otro), a más sexo, más prestigio; y yo, que todavía era virgen, era blanco de risas y burlas como “a ver cuándo te descorchas”. En la tuna conocí a mucha gente, chicos y chicas, y cada vez que ligaba con un chico y acabábamos acostándonos, toda esa presión, unida a mis miedos de “no ser suficientemente mujer”, me llevaban a intentar perder la virginidad con él. Todas las veces que lo intentaba, me dolía muchísimo, me sentía bastante mal y muchas veces me cortaba el rollo. Muchos de los chicos con los que lo intentaba, a la mañana siguiente se olvidaban de mí (otros, en cambio, se han convertido en amigos o por lo menos me guardan simpatía). A veces, antes de empezar, se me cortaba el rollo, por el miedo, la inseguridad o lo que sea. Creo que las chicas somos muy susceptibles con ese tema. Luego tuve una experiencia malísima de sexo casi forzado (una situación que empezó bien pero a los diez minutos yo quería dejarlo y no fui capaz) y decidí que tenía que quererme más a mí misma porque, si no, los demás no lo iban a hacer por mí. Poco después me eché novio: un chico que me quería, me respetaba, no me metía prisa para eso, y al que yo quería y confiaba en él como para perder la virginidad con él… pues… no fui capaz. Había cogido un miedo instintivo a la penetración. Aun así, me encantaba el sexo con él (descubrí que se podían hacer otras cosas).

    Creo que mis compañeras de la tuna se han dado cuenta de que tenían que respetar un poco más ese tema a raíz de mis historias. Y yo, personalmente, me he tenido que quitar mucha mierda de la cabeza y reconocer que no puedo hacer eso con cualquiera, y poner ese límite cuando me acuesto con alguien que acabo de conocer. Que para eso es mi cuerpo!

    Así que nada, para todos los que piensen que esto de la virginidad es una carrera para ver quién es “más mujer” y quién la pierde antes, os dejo aquí mi ejemplo para que reflexionéis. Que no por ser virgen después de los 18 o los 20 eres peor persona, o vas a tener menos oportunidades de ligar, o eres una frígida. Quizá has sido más selectiva, o no estabas preparada, o no has encontrado a la pareja adecuada para perder la virginidad. Y, de todos modos, ¿es tan importante la virginidad cuando hay mil cosas más que se pueden hacer en la cama? Creo que este prejuicio lo reduce todo a meterla… y no es así. Cada relación es distinta y cada cuerpo es distinto, y cada persona vive la sexualidad a su manera.

    1. Hola Gato de la Armónica! Gracias por tu comentario! Personalmente, me he sentido muy identificada con muchas de tus experiencias.

      En mi caso, no fue hasta los 20 que realmente empecé a tener relaciones sexuales y hasta los 21 que perdí la virginidad. No obstante, he tenido la suerte de haber encontrado grandes amigas en la universidad a las que les pude contar, sin tapujos, que seguía siendo virgen y quienes nunca me juzgaron por ello.

      Por otro lado, no hay nada de lo que me arrepiente. Si no he perdido la virginidad antes, no ha sido porque no haya tenido la oportunidad (he tenido novio y me he liado con bastantes chicos), sino porque no se me apetecía o no me sentía preparada para ello. Sí que es verdad que, a lo largo de los años, mi idea sobre el sexo ha cambiado y progresado: teniendo novio con 16 años no se me apeteció tener sexo con él porque pensaba que eso estaba reservado solamente si estabas enamorada de alguien mientras que yo solo quería a mi novio pero no lo amaba; mientras que, más tarde, perdí la virginidad con un chico 10 años mayor que yo que conocí en las fiestas de mi pueblo y cuya relación apenas duró dos meses (pero que en todo momento respetó el hecho de que fuera virgen y que necesitara más tiempo para ciertas cosas).

      Para resumir, animo a todas aquellas personas que aun sigan siendo vírgenes a que no se sientan fuera de la sociedad. Cada persona necesita un periodo de tiempo diferente para cada actividad. Lo importante es no arrepentirse de las decisiones que un@ mism@ tome 😉

  2. Tengo 22 y soy virgen. Me preocupa pero no me avergüenza; tengo un problema de alimentación hace 12 años por el rechazo hacia mi cuerpo y a mi misma. Siento que cuando esté lista, nadie querrá estar conmigo por no tener experiencia, pero SE que eso no es verdad. La lucha de las mujeres no debería ser forzada, debería enfocarse al poder de decisión. Si decido quedarme en mi casa a cuidar a mis hijos, seguiré siendo tan mujer como la que decide trabajar y no tener hijos. Yo decido y elijo lo que es mejor para mí, aunque en este caso sea seguir siendo virgen, aunque sea triste que hasta entre mujeres sea un tema de mofa.

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