No quiero

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Me gustaría que si leéis esto, penséis un poco. Que profundicéis. Y sobre todo, que seáis sinceres con vosotres mismes.

Todo empieza con un “No quiero”. Es tu marido, tu pareja, un amigo, un ligue de una noche, un tipo a quien acabas de conocer, no importa. Tienes que buscar una excusa para no querer, pues te preguntaran por qué, insistirán en que les apetece o simplemente pondrán mala cara y te harán sentir mal por tu decisión. Y pasa a ser un “No quiero porque me duele la cabeza, porque estoy cansada, porque quiero que seamos sólo amigos, porque ni siquiera te conozco…” porque sabes que no van a aceptar un simple “No quiero porque no me da la gana”.

Si no fuese suficiente, no sólo tienes que excusar un simple no quiero. Muchos, incluso después de argumentar, te seguirán insistiendo, aunque tú hayas dicho ya que no, y aunque hayas explicado por qué. Te dirán lo tristes que se sienten con que les digas que no, o que si les quisieras no te importaría. Tal vez empiecen a preguntarse en voz alta si ya no te gustan. Igual te invita a un par de copas a ver si te animas y te desinhibes. O tal vez intenten calentarte hasta que cambies de opinión. O igual te pide primero que sólo roce, sexo oral, “la puntita”… para ver donde está tu límite y si puede forzar un poco ese límite. Porque es eso. Dices que no, con o sin argumentos pero igual no es un no rotundo. Igual puedes cambiar de opinión.

¿Pero realmente tú quieres cuando antes no querías? ¿Realmente alguien puede cambiar de opinión así porque así? ¿Realmente un no puede ser un sí?

NO.

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Para a pensar un momento con sinceridad. Es muy probable que sigas sin tener ganas, que sólo estés aceptando porque te sientes mal por él, porque se lo debes, porque te está manipulando. Aunque creas que “bueno, qué más da, por complacerle” es muy posible que después no te sientas bien contigo misma igualmente. Que sientas que hay algo que está mal. Porque lo está.

Pero claro, ahora si después de todo esto aceptamos, se le quita todo el valor al no, o incluso se dice que ella tiene la culpa por aceptar. Que podría haber seguido diciendo que no. Porque claro, ni se piensa que ella puede tener miedo a que él se harte de ella, a que él la haga daño, o que ella puede ser que ni sea consciente de ese miedo, y sólo se sienta mal al hacerlo y no entienda por qué. Se nos enseña a nosotras a protegernos y que si no lo hacemos somos unas zorras en lugar de enseñarle a ellos a dejarnos en paz si decimos que no.

Quiero que volváis a pensar ahora si de verdad no habéis visto una situación así. A ellas, ¿nunca habéis aceptado sin estar muy seguras de querer, después de haber dicho que no? ¿Nunca os han insistido hasta la hartura? ¿Nunca os han intentado hacer cambiar de idea? ¿O nunca habéis escuchado una historia así de una amiga vuestra? Y a ellos. ¿De verdad nunca habéis insistido de más después de que vuestra pareja o quien fuese os dijese que no? ¿Nunca habéis intentado convencer a la otra persona o habéis utilizado la pena para convencerla? ¿No habéis visto a ningún amigo haciendo esto?

La sociedad nos enseña a nosotras a complacer por encima de lo que nosotras queramos hacer. Hace menos de un siglo, la mujer ni siquiera podía hablar con libertad sobre sexo (¿y realmente puede ahora, viendo esto?), sólo estaba para complacer. No importa el goce de ella, sólo que el hombre disfrute. Y por eso se piensa aún que un “no” puede cambiar, porque hace un siglo no había noes sin excusa, porque hace mil años ni elegíamos con quién estábamos.

Hablo desde el masculino y el femenino por la historia de la humanidad, porque sólo hay que profundizar un poco en el término violación y como ha evolucionado para darse cuenta de que estamos creciendo en una sociedad que pensaba no hace tanto tiempo que las mujeres no debían tener opinión, que ellas daban igual. Y tal vez esto haya mejorado, pero no lo suficiente, en absoluto. Porque quienes insisten y creen que todo esto no está mal, son en mayoría hombres, y peor aún, a quien más perjudica es a las mujeres, aunque ellas piensen también que no es para tanto.

Los hombres tienen más probabilidades de sufrir una violación que las mujeres. Pero los hombres soportan una carga adicional de vergüenza y miedo, y además, cuando son víctimas de violación, lo suelen ser a manos de otros hombres. No incluyo géneros no binarios, porque el caso más dado es entre géneros binarios, pero no excluyo que pueda ocurrir entre estos, o incluso de mujer a hombre. De hecho, las personas trans tienen 3 veces más probabilidades de sufrir abusos sexuales, nuevamente a manos de hombres, que las personas cis. Así que que me vengan conque #NotAllMen y que también hay mujeres que les exigen más de los que ellos pueden ofrecer, o que les insisten cuando ellos dicen que no quieren, os ofrezco darle la vuelta vosotros mismos a lo que ha expresado y pensar si eso realmente ocurre tanto al revés, de mujer a hombre, como de hombre a mujer.

Nuestro no es válido. Nuestro no no debe ser cuestionado, ni forzado para convertirlo en un sí. Si no queremos, no queremos y punto. 

Sobre Keyra R.

Mujer madrileña estudiante de ingeniería, deconstruyéndome poco a poco, y con muchas ganas de aprender. Pero también de compartir lo vivido.

2 thoughts on “No quiero

  1. Tengo que darte la razón. Yo he sido uno de esos hombres insistentes. Quiero pensar que ya no lo soy, pero a pesar de ser consciente del problema sigo insistiendo, ya no en el tema sexual, pero sí cuando no les apetecen mis planes a amigas o pareja. Supongo que es díficil cambiar la inercia. Tengo casi 40 años e intento seguir aprendiendo por eso agradezco estos espacios en los que las mujeres pueden expresarse libremente. Gracias por hacerlo, prometo escucharos

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