La historia de mi (no) vida

Autora: Ivana Besevic
Autora: Ivana Besevic

Vengo a contar mi historia. La historia entera, la de verdad. La historia que no me he atrevido a contar todavía a nadie.

Cuando tenía 15 años empecé a salir con un chico de 18. Al principio la relación era sana, nos estábamos conociendo, pero poco a poco aparecieron detalles que, aunque no me gustaran, los pasaba por alto porque como era mi primera relación, pensaba que lo normal era eso.

Él empezó con lo típico: “les caigo mal a tus amigos”, “no te pongas esa ropa si no es para estar conmigo”, “no te maquilles para salir”. También me cogió el móvil y bloqueó a todos los chicos para que no hablara con ellos. Luego eso desapareció. Y eso fue porque desapareció eso de salir con los amigos y desapareció eso de salir si no era para ir a su casa. Sí, me pasaba el día encerrada en su casa.

El primer año no se me hizo tan duro como podríais imaginar, dentro de lo que cabe. Fue un cambio grande, pero todo el mundo pensaba que estaba con él porque era feliz así que no me costó nada callarme y fingir que así era. Porque sí, los primero meses ya aparecieron muchas cosas por las que tenía que callarme. Por ejemplo, yo estaba estudiando bachillerato, y como tenía que ir todos los días a su casa muchas veces no dormía para poder sacar buenas notas y afortunadamente lo conseguía. Todos los sábados él tenía que hacer la comida, y me obligaba a ir a su casa y hacérsela para toda su familia.

Aparte de eso, cada vez que se enfadaba o estaba mal me insultaba, me llamaba de todo, me humillaba, me echaba de su casa… Hasta llegó a amenazarme con que se iba a suicidar por mi manera de ser. Yo, que soy una persona muy sensible y muy nerviosa, empecé a tener ansiedad cuando empezaron ese tipo de situaciones; cada vez que me insultaba o se ponía agresivo me daba un ataque de ansiedad. Entonces él no sabía qué hacer. Y me pegaba. Y después, para tranquilizarse y para arreglarlo, me violaba.

Empezaron a ser frecuentes estos acontecimientos. Muy frecuentes. Y pasé así dos años. Callada, pisoteada, humillada, maltratada. Y cuando estás en esa situación, no tienes la opción de dejar al maltratador, y además yo, personalmente, tenía tan inculcado el mito del amor romántico que lo único que quería era estar con él. Nunca le he denunciado, la verdad es que ni se me ocurrió, ni soy capaz de contestar a mi misma cómo le dejé, no se cómo, pero lo hice. Un día algo en mi cabeza hizo “click” y a partir de entonces ya no hubo marcha atrás.

Pero eso de callarme tuvo muchas consecuencias:. la migraña crónica con la que llevo tres años, el cambio de estudios por la ansiedad, y muchas cosas más. Antidepresivos, psicólogos, pero más que todo lo anterior lo que necesité fue tiempo y muchísimo amor propio.

Superar todo eso fue muy duro, pero fue aún más duro pensar qué le iba a decir a la gente. Y al intentar contarlo, las primeras respuestas que recibí fueron “eso no es para tanto, exagerada” y “no llames maltrato a eso”. Es increíble cómo tenemos de arraigada la idea de que si no te pone un ojo morado, te rompe seis costillas y te disloca un brazo, entonces no es maltrato: son solo “discusiones de pareja”. Lo normal. Todo el mundo se pelea. Todas las parejas discuten. Ahora sé que nada de eso es normal. Y volví a callarme, pero mi vida dio un giro enorme gracias al trabajo que hice con el psicólogo. Todavía me acuerdo de lo que me dijo: tú podrías haber acabado en una esquela del periódico, levántate y lucha por lo que mereces. Entonces, empecé a contar poco a poco mi historia para que los demás me entendieran, aunque hasta ahora nunca había dado tantos detalles. Esta es la primera vez que la cuento y no puedo sentirme más orgullosa de mi misma y de todas las mujeres que han sido y son maltratadas, todas las supervivientes que han logrado salir del infierno, y todas las que luchan día a día por sobrevivir a su maltratador. Porque a veces no hace falta que te maten literalmente para sentirte muerta por dentro.

Necesitamos apoyo. El patriarcado nos llena de culpa y pocas personas se molestan en quitarse la venda de los ojos. Quitad la venda ya y apoyad nuestra liberación.

Sobre Hipatia

Si tocan a una nos tocan a todas. Estudiante de filosofía

3 thoughts on “La historia de mi (no) vida

  1. Valoro y admiro cada articulo vuestro e historias, admiro en esta ocasión la increíble fuerza de todas las que relatan su caso y sacan a la luz la lacra social, humanidad y decrépitos de esos llamados “hombres”. #niunamas.

  2. Hola Hipatia,

    Te entiendo taaan bien.

    Mi historia es parecida a la tuya en muchos aspectos. Yo también tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo que pasaba. También estuve muchísimo tiempo fingiendo que estaba bien. De hecho, durante un tiempo mi lema era “si finjo que estoy bien, al final acabaré estando bien de verdad”. Y cuando empecé a hablar, escuché los mismos comentarios que tú “exagerada”, “no será para tanto”, “todas las parejas discuten”.

    En mi caso yo sí acabé que costillas rotas y huesos fuera de su sitio (y cortes, y moratones, y semanas de rehabilitación). Y, aún así, hubo gente que dijo lo de “hombre, pero es tu versión. Habría que saber la versión de él”.

    Así que, como tu dices, no todo el mundo quiere quitarse la venda de los ojos y darse cuenta de que este es un problema REAL. Pero lo es. Y cada vez somos más las que dejamos de ser víctimas para ser supervivientes y somos más las que lo contamos y gritamos que nadie debería intentar avergonzarnos, que no fuimos culpables y que queremos ser oídas.

    Enhorabuena por atreverte a contar tu historia. Mucha suerte en tu sanación!

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