“La lletjor ens farà lliures” (la fealdad nos hará libres)

Sandra Martínez | Photography
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– Tío, que fea.
– No es más fea que Esther, es que Esther es muy fea, tiene cara de caballo.

Estos comentarios proceden de tres chicos de no más de 16 años, quiénes desde un banco en un parque, se me han quedado mirando sin ningún tipo de pudor. Tampoco han bajado la voz, ¿para qué? Han seguido hablando de mí a mi paso, analizando mi cuerpo. Porque esto es lo que hacen “los hombres de verdad”: mirarnos y opinar sobre nuestro físico, valorar si les atraemos sexualmente, eso es la masculinidad hegemónica, eso es ser un “hombre-hombre”, un “hombre-macho”.

Fea. Feo. Fealdad. Palabras que rechazar. Que reparar. Arréglate más. Maquíllate más. Cambia de ropa. Adelgaza. Depílate. Bella. Bello. Belleza. Palabras que aceptar y conseguir. Ahora eres más guapa. Ahora tendrás más éxito. Ahora vistes bien. Que piel más agradable, ¡y sin ningún pelo!

Aún recuerdo cuando le presenté a la persona con la que mantenía una relación íntima al que era uno de mis mejores amigos. Con toda mi ilusión le pregunté tras el encuentro: “¿Qué te ha parecido?“, esperando que dijera muy agradable, muy atento, muy simpático, cualquier descripción que transmitiera que era bueno para mí, bueno en el trato, en los afectos. Su respuesta fue: “No es guapo“. Hace poco una amiga me contaba que esta misma persona le dijo sorprendido: “¡Qué guapo es tu novio!, ¿no?“, porque claro, ¿cómo alguien guapo puede estar con una persona como ella con un cuerpo no normativo? ¡Qué privilegio que alguien guapo (para esta sociedad) salga con alguien que no lo es (para esta sociedad)! ¡Qué cosa más maravillosa! ¡Qué milagro!

Hace unos cuantos años, conocí a una chica muy bella. Todo el mundo repetía constantemente lo bonita que era, todas y todos proyectábamos opiniones sobre su físico, de manera sistemática, como si no tuviera más cualidades. ¡Qué envidia! ¡Qué guapa eres! ¡Eres bellísima! ¡Es que siempre destacas! ¡Es que nadie tiene nada que hacer a tu lado! Incluso su pareja decía: “Salgo con la chica más guapa de este grupo“. Ella nuevamente cosificada, como en realidad lo era por el resto en mayor o medida. Ella reducida a su belleza. Ella como objeto que admirar y por lo tanto poseer. Los demás, malditos cuerpos que debían ser modificados u ocultados con una sábana, tratados como personas de segunda o tercera. La belleza como privilegio. La fealdad como objeto de opresión.

Sandra Martínez | Photography
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Otro conocido tenía por costumbre no decir jamás nada agradable sobre el aspecto de las demás personas, más bien hacía todo lo contrario: soltaba ironías sobre el peso, las medidas de los demás y la falta de atractivo físico. Según él esto ocurría porque no podía mentir: si alguien no le parecía una persona guapa (normativa socialmente) no había mucho más que añadir. Esto hacía que fuera incapaz de decirle algo amable a su pareja. Por mucho que estuvieran juntos no podía negar que ella no era precisamente guapa, así lo exponía una y otra vez, porque claro, también se jactaba de ser extremadamente realista y sincero. Esta mujer era ignorada y rechazada por su novio con más o menos sutileza según el momento. Los chistes sobre todo el mundo eran una constante y el babeo cuando veía a una mujer atractiva/normativa también. ¿Por qué hay que engañar a la gente diciéndoles “que guap@ se te ve hoy” si no son delgad@s, visten ropa cool, hacen deporte, tienen medidas 90-60-90 y usan perfumes caros? ¡Eso es hipocresía! ¡A todas y todos nos gusta lo mismo! ¡Lo que pasa es que nos conformamos con la mediocridad! ¡Qué no os enteráis! Este individuo respaldaba esa idea tan de moda sobre la cultura del sacrificio que defiende que si deseamos algo lucharemos fuerte por ello y lo conseguiremos. Y claro, lo que debemos querer, por lo que debemos luchar, es lo que dicta la sociedad, “lo normal”: pareja atractiva, cargo superior en una empresa, ropa de diseño, reconocimiento social. En consecuencia, quién no cumple con este esquema es un fracaso con patas que no sabe vivir su vida correctamente, una persona sin criterio, sin presente y sin futuro.

¡Qué grupo de tías buenas!“, repetía sin parar otra conocida refiriéndose a mis amigas pero no a mí, haciendo este comentario cuando yo me ausentaba o mirándolas a ellas y dejándome a mi detrás, dándome la espalda. Una vez tras otra, tras otra, tras otra, preguntando por lo mucho que debían ligar, por lo que la gente las debía admirar. Yo sabía bien que quería decir eso: “No eres atractiva y por lo tanto eres peor que ellas“. Al inicio esto no me molestaba, hasta que todo se volvió tremendamente recurrente. A esto se sumaban conversaciones constantes sobre lo malo y terrible que es la gordura, su conocimiento sobre cantidad de dietas diferentes y alguna broma sobre la gente con sobrepeso. Creo firmemente que ella jamás pretendió hacerme sentir mal, que no pensó lo que decía sin decir, como esa gente que no se considera machista y de repente comenta algo que sí lo es. “Pero no va por ti“, dicen seguidamente como si eso le quitará carga negativa al comentario. Luché por no tomarme nada de esto personalmente, pero lo cierto, es que al final sentía que sobraba, cuestionándome a mi misma a todos los niveles, porque si era esa cosa horrible a nivel físico para ella lo debía ser para todo el mundo. Al final esta idea se quedaba a vivir en mi cabeza haciéndome sentir inseguridad ante ciertas situaciones sociales.

¿Y qué ocurre cuando a una persona le atrae alguien que no es normativo? Si eres una persona normativa es que estás enamorada de verdad, si eres una persona no normativa es que te juntas con los tuyos y no puedes aspirar a otra cosa, si eres una mujer es que son más comprensivas, si eres un hombre es que estás desesperado por tener sexo, si eres una persona que se desmarca del orden binario del género directamente eres rara, con algún tipo de problema que no se puede comprender. En ningún caso se admite que los culos gordos, la gente muy delgada, la gente peluda, las mujeres con espaldas grandes o pechos pequeños, los hombres bajitos, las mujeres masculinas, los hombres femeninos, las personas que salen de la construcción social hombre-mujer, pueden atraer sexualmente a otras personas, sin más.

Así que abrazo la fealdad que no gusta. La abrazo y me reconcilio con ella. Me niego a valorar el físico de los demás exclusivamente basándome en los términos que la sociedad marca. Me niego a vivir sometida a criterios ajenos. Si la fealdad es aceptada, si la asumimos como algo que incluso puede atraer, que incluso puede ser amado, si la fealdad puede ser bella y la belleza puede aborrecernos, si la belleza puede ser incluso fea, si los términos pueden cruzarse y cambiarse, si todo es posible y positivo, si las cosas tienen la importancia que cada uno le da y ante todo somos personas respetuosas con los demás, si dejamos de decir todo el día quién es bello, valorándolo solo por eso, si dejamos de repetir quién es fea, menospreciándola, si aceptamos que a nuestr@s amig@s les gusta gente muy diferente, sencillamente seremos más tolerantes y más libres en nuestras relaciones.

La mirada se puede educar. Todos y todas estamos influenciados por la sociedad, por las modas, hay una serie de características, de aspectos, que resultan más atrayentes y aceptados para la gran mayoría de la gente pero aquí no se acaba todo. Debemos transgredir esa mirada capitalista y heteropatriarcal que nos cosifica, nos separa por compartimentos, nos induce a ser de una forma y no de otra y señala cada uno de nuestros defectos. La gente nos puede atraer por muy diferentes circunstancias: por un físico normativo, por un físico no normativo, por una esencia, por su carácter, por lo que nos transmiten, por una expresión, por una amistad, por un afecto, por un momento sensual, por conexión emocional, intelectual, por-lo-que-sea. Obviamente, no voy a exigirle a los demás que vean atractivo donde lo veo yo, me sirve con que sencillamente se dejen de reproducir comentarios insultantes, malintencionados y prejuicios varios. Me sirve con que el físico no lo sea todo, no lo ocupe todo, todo-el-tiempo-sin-parar. Me sirve con que seamos capaces de decirle algo amable a gente que queremos, sin necesidad de que sean modelos de pasarela, solo porque lo sentimos, porque nos apetece verle sonreír, porque lo pensamos y nos parece bien transmitirlo de vez en cuando.

Hace tiempo escribí en valenciano: “La lletjor ens farà lliures” (la fealdad nos hará libres). No sé como lo veis, pero para fea yo.

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Autora: Jessica Ledwich

Sobre Carmen Godino Megía

Educadora Social. Combativa. En revisión constante. En lucha contra la gordofobia y otros modos de opresión. Heterodisidente. Del País Valencià. Feminismes per a canviar-ho tot!

14 thoughts on ““La lletjor ens farà lliures” (la fealdad nos hará libres)

  1. Afortunadamente no tengo a mi alrededor gente que haga esos comentarios constantes, posiblemente porque los haya ido dejando atrás en el camino, esa gente ni te quiere ni se quiere a si misma. Me da mucha pena por ellas que no vean más allá de algo físico…cuando es lo primero que se deteriora, y no cultiven más sus personalidades…
    Ya que como dijo una persona sabia “la belleza está en los ojos de quien mira”. Gracias a esta frase que conozco hace muchos años, estoy rodeada de personas bellísimas.

  2. Hola, Carmen. Muchísimas gracias por escribir sobre esto. Te comprendo, sé lo que es soportar esas críticas, esas miradas, esa presión, lidiar con la ignorancia y la estupidez no es fácil pero me gusta pensar que son mínoría, es un grupito que puede influir en los demás de tal forma que se crean lo que no es. Bueno, solo quería dejarte un saludo. Un abrazo.

  3. Hola Carmen. Muchisimas gracias por tu articulo. Llevo unas semanas reflexionando sobre el tema y en tu articulo a habido cosas que me han aclarado muchisimo. COmo por ejemplo la frase:
    “La mirada se puede educar. Todos y todas estamos influenciados por la sociedad, por las modas, hay una serie de características, de aspectos, que resultan más atrayentes y aceptados para la gran mayoría de la gente pero aquí no se acaba todo. Debemos transgredir esa mirada capitalista y heteropatriarcal …”

    Y es que en mi vivencia, aqui esta el kit de la cuestion. Pero mas alla, hay algo q vivo como aterrado y es ¿ como educar y trasngredir esa mirada? ¿Que sucede cuando cuando la belleza LA SENTIMOS como normativa? es decir ¿q hacer cuando el deseo hacia otros se basa en lo heteronormativo o la aceptacion de uno mismo se basa en lo normativo?…

    En fin un saludo y gracias de nuevo!

    1. Gracias por tu comentario.

      Bueno, hay que asumir que tenemos contradicciones. Tampoco te culpes.

      Desde mi experiencia te reconozco que no es fácil, pero que es necesario abrir la mente. Como digo en el artículo, un primer paso es no proyectar esa normatividad constantemente, no hacer comentarios malintencionados sobre otras personas solo por su físico y no valorarlos únicamente por esto.

      Cuando ves que la belleza es algo que se sobrevalora poco a poco vas quitándole importancia. El feminismo me ha ayudado a ello. A verlo de otra forma. También ir cambiando de contextos. La gente muy superficial no me interesa. La gente que mide todo desde la heteronormatividad tampoco. Eso hace que busque otro tipo de gente y experiencias y otras visiones sobre la vida.

      En cuanto a como nos miramos a nosotros mismos, nuevamente reconozco que es complejo. Pero hay que asumir esas contradicciones. Y saber que no somos perfectos. Aceptarse es complicado. Porque la mirada de los demás nos influye. Y esta sociedad valora cierta belleza sobre otras. Repito también que el feminismo me ha ayudado. No verme solo como ese cuerpo que debe gustar. A veces no gustar hasta me gusta. Aunque suene raro. A veces no responder a un cánon establecido me hace sentirme más libre. No debo alcanzar ningún prototipo y eso me hace poder ser yo. No sé si me explico y si te ayudo.

      Un beso.

      Carmen.

  4. Me ha encantado. Y me ha hecho recordar una anecdota q me parece, viene al caso. Yo fui a la universidad con 24 años y ya viviendo en pareja, en algun momento empecé a salir de noche asiduamente (los jueves) con 3 amigas de curso, una rubia muy delicada, otra pelirroja y de metro ochenta y una tercera con una melena richi negra cubriendo su espalda, 3 atractivas y normativas mujeres. En un monento dado mi parejo me planteo si él no debería preocuparse por esas asiduas salidas nocturnas, insinuando el riesgo de q yo pudiera usarlas para ligar. En aquel momento, en lugar de contestarle la verdad “salimos los jueves precisamente para evitar moscones, para poder disfrutar el reirnos juntas, bailar sin ser molestadas y tener nuestro espacio nocturno disponible”, le contesté, sin mentirle tampoco “¿Tu crees q entre esas 3 mujeronas cañon alguien se fija en mi?” Y me contestó “pues tienes razón” y nunca más puso mala cara a mis salidas nocturnas.
    En aquel momento mi prioridad era seguir saliendo con mis amigas sin conflicto, pero ahora, con el tiempo y la perspectiva me doy cuenta de lo carísimo q pagamos a veces el no-conflicto. Porque somos mujeres y se nos ha enseñado a no discutir, a no reivindicarnos, y es, almenos yo, lo q he hecho durante un largo periodo de mi vida. ¡Hasta el coño, estoy!

    1. Siento si soy un poco dura o si me meto dnd no me llaman, que fijo q si, pero aunq seguro q tu tb lo piensas, tu respuesta a tu novio fue bastante mala. Y su respuesta a la tuya aun peor! Acaso conoces a todos los hombres y todos sus gustos por las mujeres para que no les puedas gustar tu? Y que él te diera la razón es casi peor. Como si el supiera que “como eres como eres” no ibas a ligar por ahi.

      1. La compañera ha contado una anécdota para reflejar un poco como tenemos interiorizado un poco el rechazo hacía nosotras mismas por no ser normativas y como el resto de gente que aparentemente nos quiere también sueltan cosas bastante indignantes si te pones a pensar.
        Creo que el kit no es que seguro hay hombres a los que podamos gustar, si no que al margen de gustar o no a la población masculina, somos más que el cuerpo y debemos querernos por más que el cuerpo.

  5. Entiendo tu articulo. Pero mas que pensar que estas criticas nos pasan porque somos mujeres y nos ven como objetos de los q pueden opinar, creo que tiene mad q ver con un tema de EDUCACION.
    Yo hace 3 años que vivo en Irlanda, un pais pequeño con una educacion que os quedaríais ojiplaticas de ver a los niños lo bien que se portan. Como te piden las cosas por favor, y te dan las gracias. Y en adolescentes tampoco ves esas actitudes. Ni los tios se te quedan mirando por la calle, ni te silvan. Todo un placer, os lo aseguro, y varias chicas me lo han ratificado.

    Asi que creo que es mas el tipo de sociedad bocachancla que tenemos.

    1. Claro que es la educación. Y la educación es machista. En general, somos una sociedad superficial pero la carga contra las mujeres no tiene comparación alguna.
      La publicidad en los autobuses ya me lo dicen todo, por ejemplo: todo está plagado de modelos atractivas lo más desnudas posible. También hay hombres pero las que más venden son ellas. Y eso es significativo. Y sí tiene que ver con una sociedad machista.
      No conozco Irlanda. Pero aunque sean más respetuosos deduzco que en lo privado también habrá machismo.

  6. Hola, ¡qué gran artículo! Me parece muy cierto todo lo que dices, lamentablemente todavía vivimos en un mundo muy machista, intolerante y discriminador pero en la educación está la clave.
    Un abrazo 🙂

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