El minuto de silencio

Autora: Soledad Córdoba
Autora: Soledad Córdoba

Nos están matando, todos los días, de todas las formas imaginables e inimaginables posibles, alrededor de todo el mundo, por el hecho de ser mujeres. Las instituciones no nos protegen, los jueces nos ningunean y nos quitan legitimidad, las leyes son aplicadas por el gobierno de la testosterona, los políticos utilizan bonitas palabras en prensa para recabar nuestros votos y mientras, entre bambalinas, se descojonan y chismorrean sobre la mejor forma de llevarse a una tía a la cama. Conversaciones de vestuario, cositas sin importancia.

¡Exagerada! ¡Que ves machismo donde no lo hay! ¡Que sacas las cosas de quicio!

Exagerado es que el mundo siga girando y más de la mitad de la población no valga una mierda en opinión de esos que nos gobiernan, de esos que se llenan la boca hablando de igualdad y luego tapan la boca de la compañera de al lado.

Nos matan. Y como respuesta, nos encontramos a las instituciones y a sus institucionalizados en las puertas de parlamentos, asambleas y ayuntamientos echando el ratito, una paradita en la mañana, para conmemorar a la víctima del día. Un minutito de silencio, unos aplausos fúnebres, me limpio la conciencia, le digo al de al lado “hay que ver, cuándo acabará esto”, me contesta “qué disparate, cómo se puede llegar a matar a una persona”, resoplo, miro al cielo con gesto de desesperación y me subo al despacho a seguir currando.

Soy concejal. Y cada día me siento más y más culpable de la inútil forma que tenemos los políticos de mostrar nuestro rechazo a cualquier tipo de violencia machista. No es suficiente. No es la solución. Ni siquiera ayuda un poco. Durante el terrible minuto, se me van y se me vienen los colores, me siento rabiosa, impotente, se me forma un nudo en la garganta, me da hasta vergüenza, propia y ajena, y pienso, “qué coño hago yo aquí”, “deberíamos estar montando la de Dios es Cristo”, “cómo va a confiar la gente en nosotros, haciendo estas mierdas”. Las mujeres no necesitamos que nos lloren cuando nos matan, no nos soluciona absolutamente nada que cuatro encorbatados salgan de sus cuevas un minutito de relax a sentirse un “pelín” culpables por “no haber podido” hacer nada. Necesitamos que no nos maten, que no nos maltraten, que no nos minusvaloren, que no nos sean condescendientes, y que no nos den explicaciones de mierda de por qué las leyes no se cumplen y los jueces se pasan por sus escrotos nuestros testimonios.

Pasa que cuanto más tenemos que chillar, reclamar, llorar a voz en grito y cagarnos en todo, obligar a las instituciones a que actúen, a que el sistema nos proteja, pasa que cuando tenemos que hacer todo eso, el sistema manda callar. CALLAR. No molestes, calla “por respeto” a la víctima (¿El mundo al revés?). Y mientras callamos, los políticos se frotan las manos de ver lo dócil que es el pueblo, lo civilizados que estamos, lo mansos que somos, tan educados y pintados… Pasa que estamos absorbidos por un modo de vida absurdo y sin sentido, fuera de toda lógica. Y es otra forma de implantar el patriarcado, esta vez, desde lo más alto: nuestros representantes directos, concejales y diputados regionales y estatales.

Se puede resumir de otra forma: cuando una mujer es asesinada, nuestros representantes se callan. Y nos echan la foto. Y mañana salimos en portada con un titular súper guay.

Me niego. No trago más. Necesitamos explotar. No estaré en un minuto de silencio por el asesinato a una mujer nunca más. Me pondré enfrente, sacaré un cartel, algo haré. Ya se me ocurrirá…  O se nos ocurrirá. A todas. Sesenta segundos es mucho mientras en la calle nos siguen matando.

Autora: @estoyaquiparaquitartelavenda
Autora: @estoyaquiparaquitartelavenda

Sobre Tere Patú

30 años, Cartagena. Diplomada en Turismo y técnica en Comercio Internacional. Camarera y concejal. Cada día más harta y más consciente. Espabilando y sin callar.

2 thoughts on “El minuto de silencio

  1. Llevo algún tiempo siguiendo vuestros relatos y es la primera vez que voy a hacer un comentario.
    Totalmente de acuerdo contigo. Aunque hay muchas formas de matar a una mujer (lo sé por mi pareja).
    Ella ha sufrido malos tratos psicológicos, y a menudo físicos por su ex pareja.
    Su madre estando yo delante (cuando por fín le confesó que iba a divorciarse por que había llegado a pegarla después de varios años de maltrato psicológico, que incluso la tuvo que ser tratada por psiquiatra) me rompió los esquemas diciéndole que hay veces que hay que aguantar, pero como puede decir eso una madre que “supuestamente” ha vivido el infierno de los malos tratos en primera persona y ella misma se ha divorciado. Digo supuestamente, por que no me cabe en la cabeza que una madre que ha vivido ese infierno realmente, no aliente a su hija a salir de algo “similar a lo que ella ha vivido”.
    No obstante desde ese momento, un acoso total a mi pareja por parte de su ex, (podría extenderme dando detalles pero necesitaría Un libro) que al final cumplió su promesa el día que salimos del juzgado después de su divorcio “Te haré daño donde mas te duele, en las niñas”.
    De eso hace 5 años, y desde hace 4 meses ha cumplido su promesa. Ha conseguido que nos quiten la custodia de las dos hijas que tiene con el, que yo no pueda verlas, que mi hijo (y hermano de las niñas) y mi pareja solo puedan verlas 1 hora cada dos semanas.
    Eso es matar también…
    Y creo que es matar lentamente, con tortura, con alevosía.
    De momento andamos en juicios… que aún no ha habido ninguno, por que supuestamente como las niñas corrían un riesgo para su vida (estando con custodia compartida una semana con nosotros y otra con el padre alternativamente) diputación (sin juicio previo ni evidencias de ningún tipo y basándose en una denuncia fantasma)le ha quitado la custodia a el padre y a la madre, pero deja que las niñas convivan con el padre (habiendo este sido acusado de agresión sexual contra las niñas, aunque el caso está archivado provisionalmente por falta de pruebas).
    Sin embargo nuestro hijo en común sigue con nosotros.
    Eso es matar, a una familia completa.
    Un saludo y seguid adelante, intentemos entre todos, que se nos escuche…
    Ya que por desgracia hay mucha gente que se gana la vida con estos sucesos (abogados, jueces, policías, procuradores, peritos, asistentes sociales, …)
    Gracias por compartir tu historia y dejarme desahogarme en estas líneas.

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