Dogmas machistas: La brecha salarial no existe

Autora: Brown gurl
Autora: Brown gurl

Siempre que algún organismo ya sea nacional o internacional publica un informe que confirma la existencia de la brecha salarial salen personas, tenemos normalmente hombres, negando su existencia. Los datos y estudios son perfectamente ignorables, las vidas de las mujeres en tu entorno también. ¿En qué se apoyan entonces para negar existencia de la brecha de género? En que hay leyes que prohíben la discriminación salarial. Ya, claro, y también hay leyes que prohíben la corrupción, ¿significa eso acaso que la corrupción no existe? Uno de mis argumentos favoritos para negar la existencia de la brecha salarial es el siguiente:

Si las mujeres realmente cobraran un 20% menos, entonces las empresas sólo contratarían mujeres y así tendrían más beneficios. Si no lo hacen es porque no hay brecha salarial. 

En teoría parece lógico, ¿verdad? Solo que se apoya en una serie de premisas que no se dan en el mundo real. ¿Qué premisas son esas? Para empezar que existe un mercado de competencia perfecta. En este punto, a alguien que realmente sepa de economía debería entrarle la risa floja porque decir que existe “competencia perfecta” es como creer en los unicornios mágicos que cagan arcoiris. ¿No te lo crees? Pues echa un vistazo a las condiciones necesarias para que se dé la competencia perfecta.

1. Producto homogéneo: No hay dos personas iguales, ni siquiera con el mismo CV exacto. Y, por lo visto, aun con el mismo CV, basta cambiar el nombre de uno femenino a uno masculino (o típico de una nacionalidad/raza) para que se valoren distinto los CV. Qué cosas ¿eh?

2. Información completa y gratuita. Esta condición es especialmente interesante para explicar la brecha. ¿Por qué? Muy sencillo, si crees que los hombres siempre serán mejores en una posición determinada (como una carrera técnica), es bastante posible que ni te molestes en mirar CV’s de mujeres. 

Más aún, para posiciones iniciales en las que son muy parecidos, una oportunidad de un primer trabajo puede abrirse sólo a hombres. Y si se equivocan, nunca se sabrá, porque no hay realidades cuánticas que te permitan saber cómo lo habría hecho el otro candidato de elegirle a él. Con que la persona elegida lo haga pasablemente bien, puedes considerar que acertaste, aún si no era “el mejor”. Aquí aplica lo que se llama “confirmación de sesgo“: Creo que los hombres son mejores (no lo reconozco públicamente, pero lo creo), elijo un hombre porque “es el mejor” (la creencia no necesita apoyarse en nada). Si lo hace bien y no la caga estrepitosamente, lo veo como la “demostración” de que tenía razón. Si lo hace mal, bueno, tal vez me equivoqué, pero seguro que “la mujer lo habría hecho aún peor”. Pero incluso si el hombre elegido no está a la altura del puesto, la competencia ficha a la mujer y ella consigue resultados buenos donde el hombre no, siempre les queda la opción de decir que “es una excepción”.

Para resumir, las personas con una creencia muy fuerte de que los hombres/blancos/heteros/cis/etc son mejores, ignorarán los datos y tomarán decisiones basándose en información imperfecta.

3. No haya barreras de entrada o salida al mercado. Hay una larga, larga lista de barreras. Hay trabajos que requieren un MBA que cuesta más de lo que ganan muchas personas en un año. Otros trabajos jamás se publican (información imperfecta) y sólo se darán a personas que pertenezcan a un determinado círculo social (más conocido como hacer “networking”). Hay incluso puestos que se dan a dedo (¿el mejor para el puesto? ¿seguro?). Y eso sin contar barreras mucho más “mundanas” como la disponibilidad real de tiempo o geográficas, entre otras.

Vamos a quedarnos con esas dos últimas, porque explican mucho. Para empezar, las personas con responsabilidades (me gusta más que “cargas”) familiares suelen tener problemas para mudarse o viajar. De hecho, también tienen limitaciones de tiempo. Aquí ya conocemos la excusa de turno “¡Pero es que ellas eligen libremente dedicarse a la familia y los hijos!“. Ya, pues tu definición de libremente debe haberse escrito en el mágico país de la piruleta donde viven los mencionados unicornio arcoiris. Concreto: si tu elección es entre cuidar a tu padre con cáncer renunciando a tu carrera profesional y dejarle completamente abandonado (no nos engañemos, no todo el mundo puede pagar enfermeras y los hombres rara vez se ofrecen a encargarse ellos de los cuidados renunciando a su carrera) para poder ascender. ¿Hay elección? Pensemos en qué pasa cuando alguien que elije dejar abandonado a su padre. Pues que consideras que es un desalmado. Y además es ilegal y tiene penas de cárcel…  

Respecto al cuidado de niños, los abuelos suponen una gran ayuda, pero no todo el mundo tiene la suerte de que los abuelos tengan buena salud y vivan cerca. De hecho, en el caso de abandono o desatención de niños, la sociedad tiende a preguntar primero “¿dónde estaba la madre?. Y si os fijáis, “si el que sale del hogar sigue cumpliendo sus deberes de manutención para con sus hijos“. Vamos, que no se espera que el padre dedique tiempo, sólo que pague dinero. ¿Pero qué pasa si los dos se limitan a poner dinero? Si son ricos, que a los niños les cría una niñera. Si son pobres, se quedarán desatendidos. De nuevo, si tu elección es entre desatender a tu hijo y no ascender/tener un sueldo más bajo, ¿estamos hablando realmente de una elección libre?

La realidad es que las mujeres hacen una elección condicionada por sus circunstancias familiares y económicas. Los hombres también hacen una elección condicionada, pero como en nuestra sociedad se les suele dar preferencia a las carreras de los hombres, sólo tendrán presión si eligen priorizar a su familia.

Llegados a este punto, parece claro que el mercado de trabajo no funciona con competencia perfecta. Se producen múltiples errores de mercado en el que personas que no son la más cualificada obtienen puestos y la experiencia y CV que luego les permitirán seguir optando a puestos mejores.

¿Y qué pasa con esas personas cualificadas a las que se ha ignorado? Que acaban en puestos peores y peor remunerados. O a veces, en puestos similares, pero cobrando menos. ¿Por qué? Porque aunque un empleador sepa que una persona vale mucho, si sabe que su competencia no la contrataría por cosas peregrinas como tener vagina u otro color de piel, sabe que la ley de oferta y demanda le permite ofrecer menos. Recordemos: el empleador siempre intentará pagar lo mínimo posible.

Irónicamente, con esto volvemos al punto inicial “sólo contrataría mujeres y tendría mejores resultados“. ¡Pues sorpresa! Eso es exactamente lo que pasa: Más mujeres significa más beneficios.

Naturalmente, todos estos datos y estudios seguirán siendo ignorados por los defensores de que la brecha salarial y discriminación laboral no existe. Y no porque esos estudios estén mal hechos, si no porque eso implicaría cuestionarse su propia valía y si, realmente, se merecen el puesto y sueldo que tienen.

Es la nueva variante de “¡las mujeres están robando los puestos de trabajo a los hombres!” o “¡antes con un solo sueldo se podía vivir!, ¡las mujeres deberían dejar de trabajar para que subieran los salarios!” (aquí se puede incluir el “no queremos inmigrantes”). Lo que hay detrás de esto es una inseguridad en tus propias capacidades como trabajador, el temor a competir.

En contexto de inseguridad económica y laboral, no es de extrañar que algunas personas prefieran aferrarse a un dogma que les da ventaja. Pero esa ventaja tiene un coste. Para las mujeres es ese 20% menos de salario y menos opciones de ascenso; para las empresas un menor beneficio; para la sociedad una menor natalidad, menor riqueza y menos avances de todo tipo. ¿Y para los hombres? Pues resulta que también, porque sin el compilador de Grace Hopper, la programación no se habría desarrollado igual y Mark Zuckerberg sería hoy un mediocre en lugar de un triunfador. Si evitas que alguien colabore con lo mejor de sí mismo, también te niegas todas las oportunidades que eso crearía. El miedo genera mediocridad y eso es lo que es el sexismo: miedo.

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Sobre Elisa Mariño Caruana

Toda una vida de frikismo y una década en IT. No soy activista pero el feminismo me dio un lenguaje para expresar cosas que llevo toda una vida experimentando.

5 thoughts on “Dogmas machistas: La brecha salarial no existe

  1. Siempre me han sorprendido estos tipos que niegan la brecha salarial a saco. Diciendo por ejemplo, que si sucede en un mismo puesto, se denuncie y tal…¿quien quiere líos de juicios como anda al patio? Personalmente conozco muchos casos en los que en un puesto similar, la mujer cobra menos, se la tiene menos en cuenta y se la valora menos… todos ellos me rodean: conocidas, primas… y me molesta especialmente cuando hay cuñaos que lo niegan tan rotundamente. ¿Qué sacan de ello? ¿Es que no les pasa a sus primas ni conocidas, como a mí? ¿Ignoran esta realidad para autoconvencerse? Incluso en trabajos remunerados por convenios, al final se acaba promocionando al hombre antes que a una mujer,… el secretario jefe de la empresa es el hombre, el enfermero jefe de la planta es el hombre, el catedrático jefe de un departamento en cualquier universidad acaba casi siempre siendo el hombre… Parece ser, que a parte de las responsabilidades adquiridas en el hogar que nos quitan tiempo, las mujeres perdemos confianza en nosotras misma con la edad… al contrario que los hombres. Recuerdo que en el cole o en la uni, casi siempre éran chicas las que sacaban las mejores notas y hacían un trabajo impecable… ¿por qué se invierten estos roles con la edad? Curioso, verdad? Yo solo digo: Vamos chicas!!! Nosotras podemos más y mejor!!! (o por lo menos igual)

  2. LLevo leídos cuatro artículos y la verdad es que me duele que haya casos así como los que comentas, no solamente es que me duela, es que me avergüenza. Vivimos en un país retrógrado por mucho que intentemos decir que somos gente con ideales progresistas y sin duda hay muchos ejemplos de ello.

    Cuando se dan datos de la brecha salarial me pone de mal humor. Es difícil cuantificarlo pero ¿Qué sería mejor? Que la persona mejor cualificada y o que mejor haga el trabajo (objetivamente) cobre más independientemente del sexo/raza etc o sueldos iguales.

    Por otro lado me gustaría pediros un consejo. Estoy ayudando a organizar una conferencia y estamos intentando invitar a mujeres a ser ponentes a la misma. ¿Cuál sería la mejor forma de hacerlo? Públicamente pidiéndolas que se animen, por privado, dando nombres públicamente o anónimamente. Tenemos el debate interno de que si lo hacemos público con o sin nombres puede ser contraproducente.

  3. El problema es que muchas mujeres prefieren trabajar menos horas o eligen otro tipo de trabajos, y eso hace que no tengan el mismo valor en el mercado laboral.

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