De sangre y de moral: ¿qué hay de la menstruación?

La causante
La causante

Resulta que me he metido en un berenjenal. Yo solita. Con mis pies, mi mano que se levanta demasiado a menudo en clase y mi boca que a veces habla mucho. “Tu ego extiende cheques que tu cuerpo no puede pagar”. Pues eso, un poco. Y resulta que ahora tengo que preparar una pequeña conferencia de unos seis minutos para presentar mañana frente a toda la clase. ¿El tema? La menstruación.

Y no es que sea una tarea de hoy para mañana, que hace una semana que sé que tengo que hacerlo. Pero no me sale nada. Pienso, pienso, pienso, me pongo “música para pensar”, hago esquemas, lo hablo con mi compañero (¡gracias!), me doy ratos de descanso, ratos de pensar a fondo, ratos de intentar explicarlo a un público imaginario… pero nada. Me fallan dos cosas: la primera, que últimamente he estado leyendo tanta información sobre el tema que no sé por donde empezar; la segunda, que mi mente anda sola cuando le doy la primera frase, pero sin conocer el inicio es incapaz de desarrollar ninguna idea. Por este segundo motivo escribo esto: ahora ya tengo un primer párrafo, supongo que conseguiré desarrollar las ideas que me bailan de forma comprensible, lógica y coherente. Y como este escrito no tiene la restricción temporal de seis minutos que sí tiene la queridíssima maldita conferencia que tengo que dar mañana, iré más cómoda. Allá voy.

Resulta que una, cuando va leyendo cosas feministas, va encontrando cada vez más cosas que le amplían el campo de visión, y así el de intereses. Y descubre que cosas que jamás había considerado “dignas de pensar” (sí, tengo un cerebro un pelín meritocrático a veces) esconden un universo de desconocimiento, saberes ancestrales, represiones, tabúes, datos interesantes, informaciones vitales. Entre tales cosas, encontré la menstruación.

¿Sabíais que, pese a que es muy frecuente, no es normal que la regla duela? ¿Sabíais que la menstruación no se limita a los días de sangrado, sino que es todo un ciclo? ¿Sabíais que este ciclo nos condiciona, nos da forma, nos da herramientas? ¿Sabíais que hay mucho detrás de los días de mala leche previos al sangrado? ¿Sabíais que la sangre menstrual cambia de color y de textura según lo que comemos, según nuestro nivel de estrés, según nuestro estado de ánimo? ¿Sabíais que la regla está demonizada y medicalizada? ¿Sabíais que existen terapeutas menstruales? ¿Y pedagogas menstruales? Hasta hace poco, yo no tenía ni idea. Al ir investigando, leyendo, mirándome, analizándome, haciendo un registro de mis ciclos… he descubierto algo del mundo que se esconde tras la menstruación.

Para empezar, resulta que lo de que “la regla duele” no es cierto. La menstruación es un proceso ligado a nuestro cuerpo, nuestra biología. ¿Cómo iba la naturaleza (o quien sea) crear algo que “de natural, duela”? ¿No os parece sospechoso que hubiera que inventarse todo ese cuento de la serpiente y la manzana y los caprichos de dios para justificar tal afirmación? Resulta que los dolores menstruales aumentan con el estrés, cosa de la que no vamos faltas por aquí precisamente. Resulta que dolores menstruales muy agudos pueden ir ligados a enfermedades que pueden llegar a ser graves y con frecuencia mal diagnosticadas, como la endometriosis. Resulta también que ciertos alimentos reducen enormemente estos dolores. Y sin embargo, ¿qué hacemos nosotras? Nos tomamos un ibuprofeno, o una pastillita de caja rosa para los dismenorrea que no es más que un paracetamol que vale el triple porque la cajita está pensada para mujeres. Y con una anestesia para el dolor, obviamos que el dolor es un síntoma de algo que no va bien, sea el estrés, la comida o una enfermedad grave. Y así, un poquito, nos alienamos de nuestro cuerpo.

Pero esto no acaba aquí. ¿Sabéis qué significa que la menstruación sea todo un ciclo? Yo hasta hace poco lo ignoraba, quizá sea por eso que me apasiona tanto y que me he metido el trabajo de explicarlo a la clase yo solita. Resulta que las mujeres somos cíclicas. ¿Qué? ¿Cómo? ¡Menudo follón! El ciclo menstrual nos acompaña cada día, en cada fase. ¿Qué fases? Cuatro fases: menstrual, folicular, ovulatoria y lútea.

El ciclo empieza con el primer día de sangrado: es la fase menstrual. En ella nuestro cuerpo desecha el endometrio, ese recubrimiento que prepara nuestro útero para recibir un óvulo fecundado y que nuestro cuerpo expulsa cuando esto no pasa. A nivel hormonal (muy básico), nuestros niveles de progesterona han bajado para permitir el desprendimiento del endometrio, lo que a nivel físico se puede traducir en… ¡caca! Efectivamente, la progesterona tiene como efecto secundario el restreñimiento, por lo que su ausencia nos puede provocar cambios en el ritmo intestinal, que digamos.

Cuando acaba la primera fase, que dura, de media, una semana (no hace falta que diga que cada mujer es distinta, tanto en tiempos como en duraciones y modos de vivirlo), empieza la segunda: la fase folicular. En ésta, la otra hormona implicada, y gran reina en los días a venir, aumenta sus niveles con esplendor: los estrógenos. Responsables de la maduración del folículo y, por lo tanto, del óvulo, también suponen un aumento de energía, de seguridad, de poder con todo, de confianza, de alegría. Por eso tenemos días en que nos sentimos capaces de comernos el mundo, que andamos más seguras y nos sentimos mejor. Además, todas estas características nos vienen muy bien para habitar esta sociedad: podemos cargar con cualquier cosa, no nos sentimos tan frustradas ni estresadas ni tristes ni engañadas ni infravaloradas por hacer un montón de tareas, por cargar responsabilidades que no deberían ser solo nuestras, podemos con todo y lo tomamos con alegría. Además, a nivel creativo estamos pletóricas, por lo que emprender proyectos (ay, qué de coaching queda esto) nos resulta fácil y motivante.

Luego llega la tercera fase: la ovulatoria. Aquí, nuestro óvulo está totalmente maduro (los estrógenos no han estado trabajando en vano) y sale del folículo que lo albergaba, para dirigirse sin prisa pero sin pausa hacia el útero, donde espera ser fecundado. Y esta es, pues, nuestra etapa más fértil. Por motivos que aún me parecen sorprendentes y un poco misteriosos, en este momento la creatividad que hace unos días nos empujaba a crear cosas y la energía que nos animaba se focalizan. Somos más ordenadas, y no digo que en estos días nos dé por fregar. Digo que nuestra mente ve mejor las cosas que pasan, las que pensamos, somos capaces de estructurar ese proyecto que en la fase anterior era una explosión de ideas, por decir algo (y este ‘algo’ no implica que cada mes debamos iniciar un nuevo proyecto, seamos claras). Puede parecer algo extraño, no me lo creía hasta que no analicé mis propios ciclos y me di cuenta que así era. Además, este pico de fertilidad nos puede llevar a estar más sexuales.

Finalmente, en la cuarta semana del ciclo (aproximadamente) llega la fase lútea. En ella, la progesterona, ésa de que hablábamos al principio, aumenta sus niveles para promover la fecundación, y los estrógenos van bajando. Por ello, toda esa energía y ese buen humor “estrogénicos” disminuyen, nos sentimos más sensibles, quizá enfadadas, quizá tristes, quizá al borde de un ataque de nervios. Como explica la pedagoga menstrual Erika Irusta, esta fase, que a menudo englobamos en el “síndrome premenstrual” (¡síndrome! como si fuera una enfermedad), en realidad no es una fase mala. Es un momento en que somos más sensibles a las cosas que no nos gustan y lo expresamos más. Por ejemplo, puede que una no reaccione de forma negativa ante tener que preparar la cena cada noche, pero que en la fase lútea salte ante el mínimo comentario con algo así como ¡pues a ver si cocinas tú de vez en cuando! ¿Qué está pasando? ¿Es que en este momento renegamos de nuestras cosas cotidianas y nos volvemos ariscas, locasdelcoño, histéricas, incomprensibles? No, es que en este momento decimos claro lo que no nos gusta, porque en realidad, lo vemos clarísimo. Y no estamos para hostias. Nos molesta. Ser consciente de esto, me parece, puede convertir los días de desesperación en un período en que analizamos lo que nos molesta, porque lo vemos más claro (“somos clarividentes”, como dice una amiga), y somos capaces de detectarlo y así, sacarlo de nuestras vidas. ¿Que no soportas a cierta persona en los días previos al sangrado? Plantéate si realmente te gusta, o si simplemente la soportas mejor el resto del mes. Además, esta clarividencia es muy fácilmente convertible en una herramienta de autoconomiento. Viendo ante qué soy más sensible, qué me preocupa más, qué me indigna, qué agradezco, qué me hace sentir querida, entiendo qué quiero y, así, un poquito más quién soy.

Esta última etapa acaba cuando veo las primeras manchas de la sangre que volveré a echar. Aquí, puedo calmar mis dolores tomando menos sal para reducir la hinchazón, azúcar para recuperar la energía que me falta, haciendo ejercicios que relajan mis músculos (¿sabíais que la danza del vientre es un remedio estupendo para los dolores menstruales?) o pidiendo y recibiendo (¡gracias!) el cariño y la comprensión que me hacen falta. Porque sabiendo estas cosas, vivir el ciclo menstrual es otro mundo. Por eso me parece apasionante y muy importante estar aprendiendo estas cosas, y tener la perspectiva de que ¡aún me quedan muchas! ¡que ahora ni siquiera sospecho!

En fin, muchas gracias. Escribir esto realmente me ha servido para amueblarme la cabeza y, de paso, dar el primer pasito en explicar lo que creo que es importante. Me he dejado muchas cosas, y seguramente muchas otras las he dicho mal. Si sabes y quieres corregir, ampliar, matizar o negar cualquier cosa que haya escrito, te lo agradezco. Ahora solo me falta el toque final: ¿cómo relaciono todo esto con el título de la asignatura en que explicaré esto, Educación Moral?

Sobre Júlia Margaria i Garcia

Estoy aprendiendo tanto y rápido que no me da tiempo a reflexionar quién soy que ya he cambiado. No bromeo. Algún día llegará la calma.

13 thoughts on “De sangre y de moral: ¿qué hay de la menstruación?

  1. Muy bueno el artículo, enhorabuena, el único error que he detectado es el dónde se fecunda “… fase: la ovulatoria. Aquí, nuestro óvulo está totalmente maduro (los estrógenos no han estado trabajando en vano) y sale del folículo que lo albergaba, para dirigirse sin prisa pero sin pausa hacia el útero, donde espera ser fecundado.” Una vez comienza esta fase el óvulo comienza a desplazarse desde el ovario hacia el útero, la fecundación se realiza en las trompas de falopio (interesante aunque no para la menstruación sino para la reproducción es conocer la duración de la vida de los espermatozoides, aunque ahora es nuestro turno) una vez que llega al útero, si no ha sido fecundado antes, da paso a la siguiente fase, la menstruación que sería el desprendimiento o limpieza del endometrio, que sería útil para acomodar al óvulo fecundado, y dicho óvulo maduro.
    Me he sentido muy identificada con tu introducción, y haces muy bien lanzándote a comunicar todo los saberes que vas acumulando, así le das un orden y podrás sacar tus conocimientos cada vez que vengan al caso.
    Un placer tu lectura.

    Pilar L. Moreno

  2. Me ha encantado!!! Y me parece un marron tener que enfocarlo en la asignatura, pero todo lo de como estamos acostumbradas a tomarnos la regla, por como nos lo cuenta la sociedad al final, y lo mucho que nos queda por aprender de lo que verdad es; me parece un buen punto, todo ello en base pedagogica y demas. O hacer hincapie en los pedagogos mestruales.
    Sigue ilustrndonos asi!

  3. Muy bueno, aunque un poco caótico (estarás con el “síndrome”) al principio. Desde la perimenopausia desprejuiciada que vivo, me alegro de leer explicaciones sencillas y de reivindicación de un tema tan castigador como la mesntruación. Lo del “síndrome” como herramienta de autoconocimiento me parece una insinuación de autoterapia que debería divulgarse más. Con tu permiso, me lo apunto.

  4. No quisiera parecer descortés o menospreciar tus hallazgos pues me parece un escrito muy bien estructurado y es evidente la emoción que te despierta el conocer y aprender más sobre el funcionamiento de la mujer. Pero si le tengo que encontrar una forma de entrelazarlo con la educación moral diría que esto que has explicado es una lección básica de la enseñanza elemental y la has expuesto como si fuera el descubrimiento de Las Américas. Y eso, eso es triste, (deduzco que no eres una niña de primaria por tu forma excelente de expresarte y tu amplio vocabulario). No es justo moralmente construir un mundo de feminismo, de lucha sin antes conocer tu arma de guerra, tu herramienta de pensar, ósea se, tu cuerpo. No es moralmente correcto deambular por el mundo sin saber de qué estamos hechas, porque eso a fin de cuentas nos convierte en ignorantes, en carne de ganado. Y es nuestra responsabilidad conocer, conocernos, investigar cómo tú has hecho y aprender. Y por un lado agradezco el esfuerzo que muestras por compartir tu sabiduría y abrir los ojos de otras mujeres alejándolas así de la ignorancia. Pero si de alguna manera pudiera resumir esto que he leído y buscar su conexión con la moral, la palabra que me viene no es menstruación, es ignorancia. Y es nuestro deber moral no sólo como mujer sino como ser humano, el comprender lo que somos para poder respetarnos. Y eso es algo que debe ser inculcado desde más jóvenes es algo que tiene que ser inherente a la persona, no podemos dejar que sea un descubrimiento divino que nos aparece un día leyendo un post en Facebook. Es injusto moral y socialmente que la menstruación esté convertida en tabú, que sea ese ente flotante al que achacar dolores, tristezas y mal carácter. Somos mujeres, somos ciclo, como la vida, como las mareas, como la luna. ( que por cierto todo esto está entrelazado con el ciclo de la mujer, por si tampoco lo sabias ( y no, no es brujería)) y es injusto que nos tengamos que justificar o disculpar por sentir lo que sentimos o por nuestra forma de actuar durante nuestro ciclo; porque es algo más grande que las reglas sociales, es naturaleza y hay que dejarla ser. Después de exponer toda tu información deberías tomarte un minuto para preguntar a tus compañeros, cuantos de ustedes conocían esta información? Y si la respuesta positiva es minoritaria, concluiría con un ” solo he he explicado lo que todos deberíamos saber a día de hoy” y eso, eso es educación moral

  5. Y sabías que hace varios años se está estudiando tratar enfermedades con células madre provenientes de sangre menstrual?. Mucho más fáciles de obtener y más efectivas que las de la médula ósea.

  6. Excelente artículo. Me he enterado de un montón de cosas q no sabia, cosa q lamento, pues como muy bien dices saberlo te da armas para pasar el proceso y te amuebla el cerebro. Hace ya 10 años q no tengo la menstruación así q es un poco tarde para mí, pero me ha gustado e interesado mucho conocer esta información explicada así. Lógicamente conocía la “mecánica” del sistema, pero como tu la explicas me aporta una ampliación de la información q encuentro básica para entender de verdad el proceso x el q pasamos un montón de veces durante la vida. Muchas gracias. Te auguro un gran éxito, si puedes concentrarlo todo en seis minutos.

  7. Me e informado, y hasta e reído con la ultima pregunta,espero haya logrado articular el texto con la pregunta. He confirmado cosas que ya las venia presintiendo, sobre todo en la etapa premenstrual me encanta…

  8. Me ha gustado mucho el artículo. Es muy aleccionador, sobre todo teniendo en cuenta que yo soy hombre y no tengo este ciclo. Y como vivo en una sociedad machista y patriarcal tampoco tenía ni idea de los condicionantes emocinales y sociales que conlleva. Siempre me han enseñado “son cosas de chicas”. Ahora reflexiono y me doy cuenta que es muy importante divulgar estas cosas porque creo que a través del conocimiento de la mujer se pueden evitar muchos maltratos, humillaciones e incluso asesinatos que sufrís. El hombre debe deconstruir su masculinidad y aprender a ser humano (en cuanto que no diferencie por sexos a la hora de tratar a otra persona).
    Tenemos mucho que caminar y aprender. Yo estoy en ello, no sin mucha dificultad. Gracias ¡¡¡ .

  9. La premisa de que siendo una cosa natural no puede ser mala es falsa. Viéndolo desde el punto de vista evolutivo, por ejemplo, sobreviven las modificaciones que permiten a los individuos reproducirse más y más efectivamente. Esto no significa necesariamente que las especies evolucionan hacia situaciones lógicas, de bienestar o que alarguen la esperanza de vida. No, se amplían las modificaciones que hacen que llegues a la edad adulta y que tengas hijos. Así que, pongamos por caso, que las menstruaciones más abundantes y dolorosas llevaran a que los zigotos se adheriesen mejor a la pared del útero. Entonces serías más fértil y te reproducirías más, ¿no? Totalmente natural, pero la regla dolería más, y además esa característica perdudaría en el tiempo.
    Igual tenemos aceptar que sí que es natural que la regla duela. Lo cual no es motivo para que no se investigue como arreglarlo.

  10. Sigo sin saber por qué no es normal tener dolores. Quizá es una cuestión de conceptos y “molestias” sí es válido. Tú misma has dicho “puedo calmar mis dolores tomando…”. Es decir, sí se pueden tener pero desconocemos cómo paliarlos sin medicina. Por otro lado, supongo que cada mujer es un mundo y depende de muchos factores, pero no se me aplica en absoluto el estado en el que deberíamos estar en cada fase :S para nada. Creo que “creerlo” te hace sentirlo un poco… yo ya me he observado sin estar condicionada por ninguna información y no he encontrado esos cambios y/o actitudes en mí. Hasta las puedo tener al contrario, por ejemplo, está a punto de venirme y yo me encuentro pletórica, hasta he notado ya algún dolorcito preavisándome y sigo bien, animada y genial. Pero cuando me viene, desde el día anterior y unos 3 días teniéndola, estoy súúúper sensible, y cariñosa y fácil de enfadar a partes iguales. Después de la regla en absoluto me viene ningún subidón… estoy totalmente normal, al igual que en la ovulación… y tampoco estoy más sexual ahí especialmente… No sé, generalizar con ésto no me parece correcto, cada cual lo pasa de cierta manera. Por cierto, el parto es natural y es doloroso.

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