Anorexia y bulimia: más allá de los trastornos “capricho”. Desmontando mitos

Autora: Maria McGinley
Autora: Maria McGinley

¿Por qué no damos el paso? ¿Por qué no gritamos y luchamos por una cura generalizada y por desterrar el estigma? Porque la anorexia, la bulimia, el trastorno de la conducta alimentaria, sigue estando escondida en las esquinas de nuestras calles, viviendo en silencio. Porque normalmente va erróneamente asociada a niñas que parecen sacos de huesos y se encaprichan en no comer cuando, en realidad, se asocia a muchas otras cosas. A pesar de ser el síntoma más visible, es también el menos importante. Detrás de eso hay un largo recorrido de autoflagelamiento, perfeccionismo, insultos frente al espejo… El ansia desproporcionada de control por la propia vida, incluso por cosas que nadie puede controlar y que no están en nuestra mano, nos llevan a intentar controlar obsesivamente aquello que parece más fácil. Es paradójico que este control obsesivo por todo nos lleve inevitablemente hacia el más profundo descontrol.

Y es que, en esta sociedad en la que vivimos, un buen físico es sinónimo de éxito. Y nosotras adoptamos esta creencia como forma de vida. Porque no nos queremos. Porque no creemos que tengamos nada que ofrecer en el mundo. Y el sentirnos así y repetirnos esto día a día, nos hace dejar de comer para estar delgadas, vomitar para castigarnos y humillarnos por haber comido, o darnos atracones por sentir una ansiedad inmensa y un inminente fracaso.

Y la culpabilidad siempre viene de la mano. Culpabilidad por castigar a la gente que te rodea con un problema con apariencia de capricho. Culpabilidad por no ser capaz de controlar algo tan simple y mundano. Culpabilidad por existir.

Pero nadie elige estar enfermo. La enfermedad un día se cuela en tu cabeza y te convence para que la dejes quedarse. Para que la necesites y no quieras dejarla, e incluso para que la veneres. Pero lo cierto es que yo no soy anoréxica, yo tengo anorexia. Y del mismo modo que la tengo, la puedo dejar de tener.

Porque otra creencia de la sociedad es que esta enfermedad nunca se cura. Mentira. Se puede curar, pero la cura no se limita a hacernos comer. Se trata de un trastorno mental que va mucho más allá de la obsesión por la comida. Cuando se pasa esta primera barrera tan difícil e interiorizada, queda al descubierto la verdadera enfermedad. Sale esa persona totalmente machacada durante años, con un autoestima casi inexistente, un nivel de perfeccionismo patológico y un corazón roto. Y es entonces cuando hay que empezar a curar. A curarse.

Vivimos en una sociedad totalmente enferma, llena de síntomas y falsos mitos que dificultan la comprensión y nuestro proceso de curación. Porque detrás de una persona que no quiere comer, hay una persona que está soportando un sufrimiento casi inimaginable.

Pero igual que en el resto de cosas, se puede aprender. Aprender a quererse, a aceptarse, a convencerse de que estamos en el mundo para aportar nuestra parte, y que ésta es igual de importante que las demás. Da igual lo irracional que parezca, todos tenemos derecho a dejar de sufrir. A pedir una mano si necesitamos un pequeño tirón para levantarnos. Da igual lo difícil que te lo pongan en el día a día, enviándote mensajes contradictorios sobre cuerpos irreales, dietas milagro o cualquier otra creencia en que la delgadez es el medio para conseguir cualquier tipo de éxito en esta vida.

Se puede aprender a adoptar otra forma de vida. Se puede aprender a vivir en armonía con nuestros defectos y virtudes. Se puede llegar a sentir que todos estamos en este mundo por alguna razón.

Se puede aprender a ser feliz, ¿verdad?

Sobre Clara Tes M

Llevo tanto tiempo intentando encajar en lo que los demás quieren o pretenden de mí, en lo que la sociedad me encasilla, que me he perdido por el camino. Hace poco inicié un proceso para volver a encontrarme

3 thoughts on “Anorexia y bulimia: más allá de los trastornos “capricho”. Desmontando mitos

  1. Se puede, compañera. Se llega. El camino no es fácil, más bien al contrario. No es una línea recta en la que vayas avanzando, aún a trancas y barrancas: es un camino en zigzag. Se avanza, se retrocede, caes, te levantas y vuelves a caer. Y cada paso supone un mundo, cuesta un esfuerzo inimaginable. Pero, igual que un día esa maldita enfermedad se coló en tu cabeza, en mi cabeza, y en la cabeza de tantxs otrxs, un día despiertas y te das cuenta de que ya no está, al menos, 100% al mando de tus acciones y tus sentimientos. Y otro día te das cuenta de que ya sólo está al 50% en control. Y otro día sólo está un 20%. Y, finalmente, un día te das cuenta de que eres tu otra vez, eres la dueña de tu vida de nuevo.

    Mucha gente dice que nunca se va del todo. Yo coincido. Aún está ahí, en algún lugar al fondo de mi cerebro. Mi particular “monstruo del espejo”, mi esqueleto en el armario. Pero ya no me controla. Se puede encadenar al monstruo. Quizá, incluso, se le pueda desahuciar completamente. Yo, después de 8 años de enfermedad y casi los mismos recuperada, aún escucho el chirriar de sus cadenas de vez en cuando. Pero está vencido. Ya no puede hacerme daño.

    Sigue luchando, valiente. Porque sí se puede. Tu puedes.

  2. Yo salí de la anorexia hace como dos años. Mi caso, creo, es algo atípico para la percepción que tiene la sociedad de esta enfermedad. Siempre había tenido algo de sobrepeso, pero nunca fue una obsesión. Siempre fui alegre, segura y hasta pasota. Hace unos años un ex me dejó por otra (mas guapa, mas delgada). Con el vivía un infierno: celos, control, me borraba mails de mis amigas para que pensara que nadie me quería, me controlaba, me ordenaba a qué podía acudir y adónde no, Criticaba la ropa escotada, la corta. Era violento. Pero ya se sabe: volvía llorando, y yo le perdonaba… Cuando me dejó (porque hay maltratadores que te dejan cuando ven que ya no sacan mas de ti y corren hacia otra víctima( aunque ella dice no ser maltratada), entré en depresión y de ahí pase por la bulimia hasta llegar a la anorexia nerviosa. Creo que yo fui muy afortunada: me di cuenta. Es cierto que mis amigas me ayudaron mucho, gracias a ellas descubrí que cumplía con los “tips” (estaba obsesionada con las calorías, hacía ayunos de tres días, me pasaba el día mirándome al espejo e insultándome por lo que veía, me exigía, mucho, imposibles. Me odiaba, me castigaba, hasta el punto de dejarme morir de inanición) y que se me había ido de las manos. Pedí ayuda y mi familia se volcó: pase a tener que acudir a cinco médicos diferentes: terapias, controles, antidepresivos, endocrina, enfermería… una mierda, vaya. Recuerdo llorar ante un plato de comida, recuerdo sentirme perdida, ni si quiera sabía qué era una cantidad “normal” de comida (mi enfermedad “solo” duró un año y medio, no quiero imaginar a las compis que llevan años de lucha), recuerdo que lloraba a cada segundo y me enseñaron que no pasaba nada por ello: si lo necesitaba, valía. Yo solo quería salir de ahí. Me jodí mis 26, 27, 28 y 29 años (esa preciosa edad!) y sabéis qué? lo conseguí!! Estoy fuera! Eso si, ha sido la lucha mas dura de mi vida: contra mi misma. Es cierto que a veces vienen mis amigas ” las recaídas”.
    Con Pamela Palenciano aprendí a ser justa con mi pareja actual: repetía, sin ser consciente, los roles de control y celos enfermizos que mi ex maltratador hacía conmigo. Los repetía con mi pareja actual (mucho me ha de querer y con mucha comprensión para haberse quedado a mi lado a pesar de todo). Con Pamela también me di cuenta de que mi maltrato fue de libro. Y mi caída de manual.
    Con el feminismo estoy aprendiendo a quererme, a respetarme, a no exigirme lo que no exijo a los demás, a aceptarme, a ser mas libre. Sabéis qué? un año antes de mi debacle yo era de esas de “ni machismo ni feminismo, igualdad”. qué equivocada estaba!!!

    Guerreras, compañeras, se sale, se puede salir. Yo tardé dos años en hacerlo y solo estuve enferma año y medio. Fue duro, pero aquí estoy: con mis heridas cicatrizándo mientras puedo seguir caminando sola, segura, libre. No voy a mentir y decir que fue fácil, porque es la lucha mas dura de mi vida, pero no es imposible. Es mas, hace un mes tuve una recaída casi sin ser consciente. Pero no me rindo. Yo puedo con ello. Tu puedes con ello. Grita, llora, salta, enfádate, ríe, abraza, haz lo que necesites para salir. Pero nunca dejes de decirte que tu puedes, que quieres y que sabes que lo vas a conseguir.

    Me siento desahogada en este momento, gracias por leerme.

    A seguir luchando, guerreras!

  3. Gracias por tu artículo. Creo que todos tenemos uno u otro problema con nuestro cuerpo… lleguemos o no a los extremos de la anorexia o la bulimia. Pero la “locura” que puede llevarnos a ello está ahí: el querer ser perfectos, el juzgar por el cuerpo, la culpa, la falta de confianza en uno mismo… lo comparto con mis amigos 😉

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