Vivir el poliamor: de clichés y otros monstruos

Stasia Burrington
Artista: Stasia Burrington

Es el año del amor libre. Podemos verlo expresado de diversas formas, en distintos medios. Ha sido como un boom mediático que ha comenzado a expandirse en nuestro país no hace demasiado. Pero, antes de que todo esto se hubiera convertido en un sinfín de información viral, el poliamor también existía.

Tenía unos veintiséis años recién cumplidos cuando H. se cruzó en mi vida. Nos conocimos dentro del ambiente liberal, y de la forma más inesperada, acabamos enamorándonos como dos críos. Con el consentimiento y acuerdo previo de R., la mujer de H., nos embarcamos en una historia complicada pero no por ello menos enriquecedora para los tres, e incluso decidimos vivir juntos, en la misma casa, pese a que H. y R. ya habían formado una pequeña familia. No tenía ni idea hasta entonces de que existiera una forma de amar con tanta libertad que permitía saltarse los cánones establecidos.

Este barco lo tomamos hace cinco años y por lo pronto nadie ha decidido bajarse de él. No ha sido sencillo, no os voy a mentir. Quizá no por las razones que la gente se espera que les des, porque todo parece mucho más complicado de lo que es en realidad. Pero no. La peor batalla, hablando en primera persona, que he tenido que ganar es la de aceptarme tal cual son mis circunstancias, que he elegido yo.

Puede sonar contradictorio luchar contra aquello que has elegido, pero hay ocasiones en las que no puedes evitarlo: tuve que enfrentarme a un sentimiento muy profundo de culpa. Es probable que no estuviera preparada para vivir la vida con tanta libertad, ni para enfrentarme contra mis propios monstruos. Al principio, mi entorno del ambiente liberal se sintió extrañado y en parte amenazado con nuestra relación. Los ‘sal de ahí’ y ‘¿dónde te has metido?’ se convirtieron en algo meridianamente normal y rutinario. Después vinieron los juicios de valor un poco más a mala uva, no solo para mí como mujer, sino para los tres. Supongo que si tan normal resulta que una mujer quiera casarse y tener hijos, debería resultar igualmente sencillo pensar que hay mujeres que no se lo plantean nunca o hasta mucho más tarde que cualquier otra. La realidad es que no se toma en serio una relación así, porque vivimos en un mundo infestado por clichés, como el de la amante que hace todo a escondidas del mundo.

Y por esa razón, porque no sabía al principio luchar para derribar esa imagen, porque me sentía tratada como una niña a quien nadie cree, porque mucha gente prefirió aferrarse a su maldito cliché de la amante en vez de aceptar nuestra relación, fue mucho más complicado vivir sin miedo. Miedo a que me vieran besándome con H. por el barrio, miedo a que en el trabajo se enteraran de qué tipo de relación mantenía y me despidieran, miedo a que se me rechazara… Todavía vivo con miedo a día de hoy.

Pero ya sé mirarme al espejo y decir bien alto cada día que la que está mal no soy yo. Que si de algo he tenido la culpa es de haberme tratado a mí misma con tanta crueldad y de haberme medido por el mismo rasero que los de fuera utilizaban conmigo. Que tengo que superar estos miedos poco a poco. Que soy una mujer fuerte, segura y no tengo nada que perder, una vida por delante y todo por descubrir. Que, en definitiva, amar nunca está de más.

Sobre Zitta Dark

\\\"Poliamorosa\\\" cansina que se levanta cada día con el único afán de gritarle al mundo. Me gustan las cositas de sexo y la fotografía, y en definitiva tengo la mente tan abierta como mis piernas.

3 thoughts on “Vivir el poliamor: de clichés y otros monstruos

  1. Este blog me maravilla. Tantas verdades juntas que duelen como un hacha en el pecho.
    Nunca he tenido la posibilidad, o más que nada la oportunidad, de vivir esa experiencia, de vivir con mis propias carnes lo que es el poliamor.
    La gente se cierra a lo diferente, lo peculiar no tiene cabida en sus mentes. Lo que se pierden, ¿verdad? Y lo que juzgan.
    La libertad es tan maravillosa como peligrosa, escuché una vez.
    Me encanta el blog y, sobre todo, me maravilla este post.
    Viva el poliamor.

  2. A ver si dejamos ya de meternos en la vida de los y las demás. Yo nunca he probado lo del poliamor (que es verdad que es algo que ya conocíamos hace años, pero ahora tiene nombre oficial) porque bastante me cuesta acoplarme a un solo tío :)) Aunque igual sería más fácil, todo es querer.
    Pero vaya, que me da igual, me es totalmente indiferente, lo que hagan mis vecinos. A mí qué más me da!! Si están todos de acuerdo ¿cuál es el problema? Mal me parece cuando uno de los miembros de una pareja le es infiel al otro, le engaña, le miente, le humilla, … Eso es hacer daño a alguien. Pero que las parejas se compongan de dos, tres, o del número de miembros que acuerden… no veo el problema. Cada familia es diferente.
    Supongo que a la gente que le parece mal es porque en el fondo fondo fondo lo que les da es envidia, envidia de que haya quien viva el amor y la sexualidad con total libertad.

    Y como dice Aitana, el blog es una maravilla, aunque a veces duela horrores.

    Un abrazo!

  3. Pienso lo mismo —y también me asusta igual que decís—, pero ¿y si no hubiese tantos «criticones» porque esos individuos hubiesen conocido esta experiencia y ella les hubiese endulzado el carácter agrio que vuelcan en sus maledicencias hacia quienes alguna vez nos hayamos liado la manta a la cabeza y probado a vivir la vida cuando se nos haya presentado una ocasión singular —que tal vez los «críticones» o no tuvieron o [teniéndola] dejaron que se les escapase por la razón que fuese—?
    Ganaríamos todos con ello, seguro.

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