Soy dependienta de un sexshop ¿y qué?

Autora: Noelia Muriana
Autora: Noelia Muriana

 

Hace 4 meses que trabajo en una tienda erótica, sexshop para quién no conozca las diferencias entre éstos dos tipos de locales.

Trabajo como dependienta. Atiendo a clientes, llamadas, hago pedidos, controlo stock… nada que no haga la dependienta de la zapatería de al lado.

Aun así estoy segura que cuando a ella le preguntan cuál es su trabajo nadie se sorprende, ni a nadie se le escapa una sonrisilla, ni le preguntan el típico “¿en serio?” que tantas veces he tenido yo que contestar.

Sí, en serio. Trabajo vendiendo vibradores (tanto para hombres como para mujeres), lubricantes, aceites, lencería, arneses, pezoneras, condones, bolas chinas… y no entiendo todavía por qué me tiene que dar vergüenza decirlo. Que la gente sepa cuál es mi trabajo.

Cuando tuve que comunicarlo a mi familia y amigos era todo en clave cachondeo. Reconozco que a mí misma me hacía gracia el trabajo que había conseguido, pero no por eso iba a tomármelo menos en serio.

Recuerdo como todo el mundo me decía “¡Uy, ahí verás de todo!” acompañados de “Ya nos contarás, ¿eh? Tendrás para escribir un libro.

Contárselo a mi padre fue distinto. Se preocupó, cómo no vi que se preocupara nunca antes por cualquier otro trabajo que yo hubiera tenido. Me dijo:

¿En serio, Eva? Con la de gente rara que entra en esos sitios, a saber qué te dicen, y los hombres que entran ahí… ves con cuidado. Llámame o llama a la policía a la mínima, ¿eh?.

¿Qué si entiendo su preocupación? Pues supongo. Pero aquí me pregunto ¿y si en vez de una hija hubiera tenido un hijo y fuera éste quién le dijera que iba a trabajar como dependiente en un sexshop? ¿Seguiría preocupándose, o vería capaz de defenderse a su hijo frente a esos clientes a los cuáles él temía?

Seguramente no le hubiera dado tanta importancia. Quizás su intervención hubiera acabado después del “¿En serio, hijo?” pues vería a éste como un ser al que nadie puede agredir, ni hacer sentir incómodo en su trabajo. A mí en cambio, sólo por ser mujer me vio más débil, más vulnerable.

El problema es que no sólo mi padre me vio así. También un cliente, el único que me ha hecho sentir incómoda durante mi jornada laboral en lo que llevo trabajando aquí. Era un señor de unos 50 años, vestía normal, hablaba correctamente y quiso que le enseñara unos vibradores. Enseguida vi que iba a costar convencerle de que comprara algo, se asustaba con los precios y miraba hacía otros productos sin demasiado interés. Así que opté por ofrecerle una opción más económica, un huevo masturbador para hombres de unos 10 euros.

Estaba ahí, que sí, que no, medio convencido, cuando me soltó “Si me haces un favor, te lo compro”. Ahí quizás pequé de ingenua preguntándole “¿Qué favor?” pero supe actuar enseguida cuando vi su cara. Su mirada había cambiado por completo y no contestaba a mi pregunta, sólo sonreía. “No me voy a vender por un huevo”, contesté. Creí habérselo dejado claro con esa contestación. Pues un “no es siempre un no”, pero no le importó, acabó haciendo su propuesta: “Si me miras la polla, te compro el huevo”.

“¿En serio?” Aquí soy yo la que se hizo la pregunta. Acabé echándolo de la tienda, obviamente con su bragueta subida. En ese momento lo primero que me vino a la cabeza fue “Papá tenía razón”. En cómo iba a contarle eso a mi padre, en que quizás era mejor ocultarlo y contárselo a mi madre que no es tan sufridora.

Pero más tarde cambié de idea. A parte de que lo acabé contando tanto a papá como a mamá, me invadió un sentimiento de rabia, de injustica.

¿Hubiera hecho ese hombre la misma preposición indecente a la dependienta de la zapatería de al lado? ¿Le hubiera propuesto comprarle unos zapatos a cambio de que ella le mirase la polla? ¿Por qué yo, por trabajar en un sexshop, tengo (a ojos de este cliente) que estar más abierta o dispuesta a este tipo de propuestas? ¿Por qué mi perfil como trabajadora, es más sexual o menos, sólo por trabajar dónde trabajo?

Y si ese cliente se hubiera encontrado un chico atendiéndole, ¿le hubiera hecho la misma pregunta?

Respóndanse ustedes mismos.

Sobre Eva Ferrer Paniagua

Mujer de 24 años que no sabe dónde poner el huevo. Ni si quiere poner huevos.

2 thoughts on “Soy dependienta de un sexshop ¿y qué?

  1. Yo también trabajo en un sexshop pero no veo tanto drama, tal vez porque soy más radical y porque he hevido otro tipo de experiencias donde me he sentido más acosada cuando me he subido a un escenario para cantar con una banda de soul o haciendo figuración para tv, pero digo con orgullo que vendo pirolas. Lo que sí es cierto, es que no es una profesión que puedas soltar a varones q acabas de conocer y menos en un bar de copas, pues enseguida te transformas en otro concepto de mujer, al que debería respetarse igualmente.

  2. Lo primero por haber sabido cómo afrontar una situación desagradable y difícil. En cuanto a lo que preguntas, me temo que como el problema es ese cliente que no respeta, si, le habría hecho lo mismo a una dependienta de zapateria si la ve en una situación de vulnerabilidad o se ve en una situación de poder sobre ella. Por desgracia, a ese tipo de sujetos lo que les pone es forzar a la otra parte. Es decir, si fuera solo exhibicionista, podría haber buscado algún voyeur. O si simplemente quería sexo, hay gente que quiere voluntariamente o, incluso, prostitutas. Pero en lugar de eso buscó alguien sobre quién pensaba que tendría poder y a quien podría presionar con eso. El que use argumentos machistas para negarte respeto no cambia que el problema de base es que a ese tio lo que le iba era forzar la situación en alguien que no quiere. Hiciste genial en echarle.

    ¿En cuanto a si se lo habría hecho a un chico? Es posible y en gran parte depende de sus prejuicios (por ejemplo, homofobia). No esta claro si a un gay o un chico joven que también pueda percibir como vulnerable (en este caso económicamente) le haga algo de eso, porque en esencia el tema ahí no era sexo, si no poder. En definitiva, como el problema está en el impresentable de turno, ese tipo de cosas se las hará a más personas. Y eso es lo más terrible, que un sólo imbécil puede hacer la vida más desagradable a mucha gente…

    Lo dicho, demostraste mucha paciencia y saber estar manejando esa situación de un modo completamente profesional. Me alegra saber que el resto de clientes si que son respetuosos.

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