Ser mujer en Colima (Mexico)

Autora: Nina de San
Autora: Nina de San

 

Tengo entre mis manos un compuesto químico que irrita los ojos hasta el punto de causar lágrimas, dolor e incluso ceguera temporal. Se utiliza para dispersar disturbios o como defensa personal. Aunque no es letal, en casos excepcionales puede provocar la muerte del afectado. Mejor conocido como “GAS PIMIENTA”.

Ayer salí de casa aproximadamente a las 4:30 de la tarde. Me dirigía a la clínica “Dental life” para que mi dentista me pegara un braquet que se me cayó –debo agregar que un día antes fui y el lugar se encontraba cerrado, así que me vi obligada a regresar ayer de nuevo, porque me causa molestia–.

El cielo estaba muy nublado y a pesar de escuchar truenos me dispuse a ir corriendo si empezaba a llover fuerte. La clínica dental se ubica cerca de mi casa. Iba a mitad de camino cuando empezó a llover moderadamente y enseguida pensé que no llegaría o que si llegaba sería empapada de pies a cabeza. Así que detuve mi paso y me resguarde debajo de un toldo, al parecer de un establecimiento de comida que se encontraba cerrado.

Me senté en un escalón justo tapando la entrada del lugar y parecía que la lluvia duraría más de lo que yo pensaba. Así que no hice nada más que esperar, ver la lluvia y observar los carros pasar.

Luego vi que la lluvia se estaba calmando y pensé que podría correr hasta el dentista sin mojarme tanto, así que camine por la banqueta y a pocos pasos empezó a llover muchísimo, así que regresé al lugar donde me estaba resguardando. No había caminado tanto pero estaba un poco molesta. En ese momento supe que ya no iría a que mi dentista pegara mi braquet. Sólo quería volver a casa y el único impedimento era la lluvia.

Vi el reloj de mi celular y ya eran las 5:00 de la tarde, mi ropa estaba un poco mojada y mis lentes también, así que me los quite y los puse junto a mí en el escalón donde estaba sentada, junto con mi celular. Minutos después me empecé a aburrir así que grabé un poco la calle, luego me tomé una foto y la subí a mi Instagram –la cual se publicó cuando ya estaba en mi casa porque no tenía datos, ni saldo en mi celular en ese momento–.

Parecía que sólo era un día lluvioso común y corriente, pero no… ya que de repente un carro blanco parecido a un Tiida –realmente no sé de carros, así que no sé decir con precisión qué modelo era– se paró enfrente de mí y un hombre de aproximadamente unos 30 años, tez morena, cabello corto y ojos de maníaco bajó el vidrio y me dijo – “a dónde vas” a lo cual respondí – “a ningún lado, gracias” con un tono indiferente –. En ese momento no sentí temor, ni nada. Pero tampoco me dio confianza aquel hombre. Luego dijo otra cosa –la cual no entendí– y no le di importancia.

Después vi como el carro se movió un poco –pensé que se iría pero no, lo estacionó–, posteriormente abrió la puerta y al bajarse parecía que estaba sacando algo de entre sus piernas –yo no sabía que estaba ocurriendo–, se volteó hacia mí y vi que tenía el pantalón abajo con su miembro expuesto.

Así que agarre mi celular y mis lentes y corrí en dirección a mi casa como si no hubiera mañana, sin importarme la tormenta, sin importarme nada –a lo lejos escuche su voz diciendo “espera…” –, ni siquiera volteé la mirada a ver si me estaba siguiendo, sólo corrí, corrí y corrí como jamás lo había hecho en toda mi vida. Vi una puerta abierta de un lugar donde arreglan carros y me metí –había 4 hombres que observaron con rareza, pero no me preguntaron nada. Yo sólo estaba llorando y estaba agitada, miré hacia la calle y no vi nada, observé a los hombres y me fui corriendo otra vez en dirección a mi casa. Estaba muy espantada, abrí la puerta rápidamente y me metí. Por fin estaba en casa, ya todo había pasado.

Jamás me había ocurrido algo así. No lo podía creer, yo sólo estaba ahí esperando a que la lluvia se parara y poder ir a casa tranquilamente, mi mamá me comento que ese tipo de situaciones son muy comunes en la Ciudad de México de donde somos originarias, pero desde los 11 años vivo aquí en Colima así que jamás me había visto en una situación igual.

Lo único que puedo decir es que Colima no es seguro –algo que ya todos sabemos–, las personas no viven felices sino preocupadas, antes podíamos confiar los unos en los otros. Hoy en día Colima se ha convertido en un lugar donde las mujeres no pueden andar en la calle solas porque en cualquier momento un hombre en un carro puede llevárselas para violarlas y asesinarlas. Las mujeres no estamos a salvo en ningún lugar.

Yo no sé qué hubiera pasado de haberme paralizado en ese momento, afortunadamente supe qué hacer pero ese tipo anda suelto en las calles todavía, yo sólo pido que las mujeres de aquí lleven consigo siempre un objeto punzante o cortante, una roca, un spray de gas pimienta, algo con lo que puedan defenderse. Corre lo más rápido que puedas y refúgiate en algún lugar, grita por auxilio, pero no te dejes.

Sobre Pasi Trejo

Nací en la Ciudad de México en 1994, tengo 22 años y estudió Periodismo en la Universidad de Colima.

One thought on “Ser mujer en Colima (Mexico)

  1. He corrido igual que tú hasta casa, he vivido ese miedo y en distintas circunstancias. No es necesario un pene expuesto. A veces basta con menos para sabernos inseguras y en peligro. Gracias por escribir esto Pasi. Saludos desde la Ciudad de México.

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