Ni una menos

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Voy a soltar toda la mierda que siento ahora mismo.

En Argentina se producen anualmente más de 200 asesinatos de mujeres, cada 31 horas una mujer es asesinada a manos de un hombre. Durante 2015 hubo 3.746 violaciones, según la estadística nacional de delitos. A esto hay que sumar 13.520 víctimas de delitos sexuales, sin contar las violaciones con penetración.

En México, en promedio, cada día son asesinadas 7 mujeres. Entre 2013 y 2015 fueron asesinadas un total de 6.488 mujeres. Además, las mujeres víctimas de violación sexual suman más de 14.000 al año.

En Brasil, en el periodo de 2001 a 2011 se produjeron más de 50.000 feminicidios, lo que significa que unas 5.000 mujeres fueron asesinadas anualmente. 13 mujeres asesinadas cada día.

En Chile, entre el año 2010 y 2012 se registraron un total de 156 feminicidios. Un total de 45 mujeres fueron asesinadas en el 2015. Según datos del año 2011, diariamente, 17 mujeres sufren una violación y 34 abusos sexuales sin penetración.

En España, en el año 2015 se produjeron 112 asesinatos de mujeres. En 2016, ya son 81 las mujeres asesinadas. Además, una mujer es violada cada 8 horas.

Estos son sólo algunos datos que he recogido leyendo algunas noticias y artículos. Sólo he buscado en algunos países de América Latina donde la violencia machista es sumamente alarmante y en España. Ha sido una búsqueda relativamente “rápida”. Y estos son sólo datos, habría que sumar todos los que no quedan registrados.

No me quiero imaginar cuántas mujeres son asesinadas a lo largo de todo el planeta, cuántas de nosotras somos violadas, acosadas sexualmente, acosadas en la calle, en el trabajo, maltratadas física y psicológicamente. Y no sólo en casa, no sólo por nuestros maridos y nuestras parejas o ex-parejas. Por cualquier hombre.

Lucía Pérez (Argentina, Mar del Plata), tenía 16 años. La fueron a buscar a su casa, tras salir de clase. Dos hombres completamente desconocidos. La drogaron, la violaron repetidas veces, la empalaron por vía anal y la asesinaron. ¿Por qué? Porque si, porque pueden hacerlo. Tenía 16 putos años.

En Chile, hace unos días fue hallado en la localidad sureña de Coyhaique el cuerpo de una niña de 10 años a quien su padrastro ahogó, quemó estando aún viva y enterró.

En España, sólo en los últimos días, una mujer fue asesinada por su marido en Olivares (Sevilla). A otra mujer en Ponferrada (León) su ex-pareja la violó y le selló la vagina con pegamento y otros líquidos abrasivos. Esto tras haber salido de la cárcel por haberse saltado la orden de alejamiento en varias ocasiones.

Y todavía nos preguntan qué por qué estamos tan furiosas. Nos dicen que somos unas exageradas. Todavía hay quien se ríe del asunto del pegamento, esos no tienen jodida vergüenza.

Los que son conscientes de la problemática de las violencias machistas en el mundo entero todavía cuestionan nuestras formas. Nos siguen diciendo que están de acuerdo con la lucha feminista pero se escudan en que el fin no justifica los medios. Nos dicen que debemos ser más racionales, y no poner los sentimientos de por medio. Como si ninguna de nosotras supiera lo que es volver a casa de noche, teniendo miedo de ir sola. Como si ninguna de nosotras hubiera sufrido acoso callejero. Todavía nos dicen que no metamos los sentimientos en este asunto. Nos dicen que no tenemos que enfadarnos, con estas cifras.

Nos siguen diciendo que nos calmemos, que no seamos tan radicales. Que estamos manchando el buen nombre de un movimiento que tiene 300 años de historia. Con nuestras acciones, con nuestra falta de recato, de vergüenza, con nuestra insurrección.

No, compañeras. No estamos destrozando un movimiento. Estamos poniéndolo en boca de todos. Nuestras abuelas estarían orgullosas.

Estamos haciendo historia.

Convirtamos el dolor y la rabia en fuerza.

Y ojalá nunca más una agresión sin respuesta. Ojalá llegue un momento en que no tengamos que seguir destruyendo el heteropatriarcado.

Sueño con ese día. Hasta entonces, seguimos en pie.

Por todas nosotras, las que están y las que nos han arrebatado.

Ni una menos.

Sobre Tara Arteaga Pérez

Tengo 23 años. Soy bióloga y en breve seré zoóloga. Mi vocación es la ornitología. En mis ratos libres disfruto destruyendo el heteropatriarcado. Soy la feminista pesada que hay en todos los grupos de amigos.

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