Mi primera experiencia machista… en Italia

Autora: Agata Wierzbicka
Autora: Agata Wierzbicka

Sí amigas, habéis leído bien, en Italia, porque si algo tiene el machismo es que trasciende fronteras, ni aquí podía librarme de la presencia del machismo. Estaba en en el sur de Italia este verano, haciendo unas prácticas de Medicina, en el hospital. Estaba en el servicio de otorrino, cuando ha venido una mujer con una perforación en el tímpano. El tímpano es la membrana que tenemos dentro del oído que permite la audición y se puede romper espontáneamente por ejemplo por una otitis media, o provocado por ejemplo por un trauma acústico como en una discoteca o en un concierto. En los niños es muy común por ejemplo, por una bofetada. Y poniéndoos un poco en antecedente, os cuento mi historia.

Estaba en el hospital cuando vino una mujer con una perforación en el tímpano, contando que escuchaba peor y que estaba jugado con su hijo cuando se cayó por las escaleras intentando alcanzarlo corriendo. En el contexto había varias cosas extrañas, en la historia clínica de urgencias había dos horas diferentes a las que la paciente había dicho caerse, también era raro que venía con su marido y con su madre para un simple reconocimiento y su madre no se separaba de ella, hasta que tuvo que irse. Otra cosa que me llamó la atención fue que siempre que mirábamos o estábamos el personal cerca, su marido se la comía a besos.

Hasta aquí, quizás sólo son especulaciones, pero se le practicó la intervención y cuando fuimos a su habitación para ver cómo se encontraba, estaba tumbada en su cama, con la mano bajo la cabeza y exponiendo la cara interna de los brazos a la vista, como cuando uno se sienta en el campo. Y ahí lo pude ver, las marcas moradas de dedos, tenía un montón, de diferentes días, señales de tortazos y de agarrones, de violencia.

Ella tenía una mirada tan triste y yo tenía tantas ganas de saltar encima de la cama, cruzar la habitación y echar a ese animal de ahí. Hay veces que no sé cómo no me hago sangrar, de tanto que me muerdo la lengua.

Y lo más triste de todo, a mi parecer, es que en el servicio todo el mundo intuía que había una historia de maltrato detrás, incluso se comentó lo cabrón que él era, pero nadie hizo nada. Yo pregunté. Y resulta que en Italia no hay un protocolo de actuación en situaciones de posible violencia de género en el ámbito sanitario. Si esto me hubiera sucedido en España, se hubiera hablado con la mujer a solas, y si lo niega y aún así el médico lo sospecha, escribe que lo sospecha en una parte “privada” de la historia clínica, que sólo puede consultar el personal sanitario, porque así, si vuelve a ir a urgencias con algo, en su historia figura un antecedente.

Yo creo que nadie hace nada por miedo y por falta de conciencia social sobre lo que la violencia de género representa. Como en España hace un par de décadas, se sigue considerando el maltrato en la pareja como algo privado. Me contaron que si metían mucho las narices, era frecuente que la mujer maltratada denunciara al médico, por presión de su marido o de la situación. Esto me ha puesto tan triste, no puedo creer cómo pueden mirar para otro lado, yo no puedo, ni quiero que llegue el momento en el que la vida me vuelva indolente. No puedo. No quiero, sobretodo no quiero. No.

Italia es un país más conservador y más machista que España, por lo que estoy viendo, los roles, las costumbres, lo que veo en las personas por la calle… Me consuela que la gente joven es de otra pasta, es más abierta y quieren cambiar las cosas, aunque no se me ocurre solución para lo que he vivido, no sé que puedo hacer yo, una estudiante de quinto de Medicina, en un país extranjero, cuando ni siquiera hablo bien el idioma. Hoy estoy profundamente triste, porque siento que he dejado tirada a otra mujer, a otra hermana.

Sobre Alicia Cárdenas

Estudiante de Medicina. Mi madre me hizo guapa, lista y encima FEMINISTA. El silencio no es una opción.

4 thoughts on “Mi primera experiencia machista… en Italia

  1. Bueno, no es que España sea un paraíso precisamente pero lo de Italia a veces no tiene nombre. Llevamos a cabo un taller de teatro y empoderamiento de género en Roma, con gente joven, y salió el asunto del acoso callejero. Y la respuesta que siempre obteníamos era que lo mejor era no contestar, no encararse, ir acompañadas de amigas y de vez en cuando soltar una sonrisita de vez en cuando porque los “chicos siempre serán chicos”; cuando no había quien decía que cuál era el problema con los piropos callejeros, si bien dichos y por un chico guapo son de agradecer. Esto en Roma, la capital.

  2. Yo he vivido entre Italia y España durante los últimos dos años, y la verdad es que he visto unos paralelismos que dan miedito.
    El machismo lo conozco, como todas, bastante de cerca, ya que es algo que en mi ciudad (Sevilla) está bastante aceptado, integrado e incluso positivizado en la vida cotidiana. Sin embargo, al haber vivido en Madrid y Cataluña, veo algunos aspectos que se acentúan más cuanto más al sur te desplazas. Algo parecido me habían comentado de Italia, ya que yo viví en Florencia y siempre había escuchado que la cosa por allí no estaba tan mal. Cuál sería mi sorpresa al ver algunas actitudes que ya conocía de aquí (hombres que no se molestan en ayudar o que esperan ser alabados por cosas como poner la mesa –a veces sólo para ellos mismos por diferencias de horario entre miembros de un mismo grupo que convive–), chicos de mi edad que no saben limpiar o poner un lavavajillas (¡¡!!), mucho menos una lavadora o planchar; todo el apoyo emocional constante que se espera de nosotras, ya seamos novias, madres, hermanas o amigas, cómo nuestra apariencia física se cuestiona o se intenta “mejorar” constantemente, y un sinfín de microagresiones hechas (en mi caso) sin ninguna mala intención y con todo el amor del mundo por parte de mi ex-pareja y su familia (a los que sigo considerando bellísimas personas de todas formas por miles de razones). Todo por normalizar y positivizar todas las conductas mencionadas anteriormente, así como muchas más.

    Sin embargo, cuál sería mi sorpresa al ver de primera mano que ocurre lo mismo que en España: cuanto más al sur te vas, mayor es el machismo y todo lo que lo rodea. Está mucho más arraigado, e incluso personas de mi edad (nací en 1990) muestran unos comportamientos que dan MIEDO: las chicas son mucho más sumisas (aunque tengan más facilidad, en muchos casos, para sacar el carácter) y los chicos mucho más posesivos, maltratadores psicológicos e incluso físicos. Me disculpo de antemano si suena a generalización porque no es lo que pretendo, estoy hablando de mi experiencia personal y no quiero meter a todo el mundo en el mismo saco porque hay de todo en todos sitios. Sin embargo, son unos rasgos que he notado en la gran mayoría de personas del sur de Italia que he conocido, tanto allí como en España; me ha resultado curioso sobre todo de los hombres que he conocido aquí porque, los que tenían relaciones estables, lo hacían con chicas que mostraban una mayor tendencia a la sumisión, ya fuese por ser un rasgo suyo o sencillamente a través de la rendición “por no escucharlo más”. Es muy triste saber, además, lo que mencionas en este artículo acerca de la falta de protocolos de seguridad en hospitales ante temas de violencia machista. No conocía este dato y me ha puesto los pelos de punta.

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