Ella es Martina: sobre las campañas machistas en contra de la violencia de género.

Autora: Glass Pieces
Autora: Glass Pieces

¿Se puede ser machista y estar en contra de la violencia de género? Por supuesto que no, si entendemos por «violencia» todas aquellas creencias, pensamientos, comportamientos y códigos sociales que sitúan a la mujer, sistemáticamente, por debajo del hombre, en derechos, actitudes, habilidades, conocimientos y, finalmente, libertad y capacidad para ser. Sin embargo, si nos ceñimos al aspecto más explícito del término y consideramos «violencia» solo los actos verbales y físicos que generan un daño directo a corto plazo, como los insultos y los golpes, sí: se podría ser machista y estar en contra de la violencia de género.

Para entender mejor este fenómeno, podemos salir del contexto «machismo del S. XXI» e irnos al contexto «esclavitud del S. XVII». En aquel momento en el que los humanos oriundos del continente africano no tenían el derecho a ser, sino la obligación de someterse, como esclavos, ¿cabría la posibilidad de haber estado a favor de la esclavitud y en contra de la violencia explícita? Pues sí y no dudo que en el S. XVII hubiera esclavistas que reflexionaran largo y tendido sobre la violencia explícita y dijeran: «Oye no; no hace falta que le pegues a tu esclavo. No lo hagas. Eso te denigra como humano»; «Dios no quiere que le pegues a tu esclavo»; «No eres persona si le pegas a tu esclavo», etc… Estos mensajes, estas campañas, ¿habrían contribuido de algún modo a abolir la esclavitud? No, y no hay duda al respecto: habrían contribuido a que la esclavitud se desarrollara de la manera más «civilizada posible» y, dentro de una sociedad en la que los esclavos no tienen derechos, el daño explícito hacia estos seres humanos (no considerados personas), fuera el mínimo posible. Ocurre exactamente igual con las campañas machistas que están en contra de la violencia de género.

¿Por qué? Pues, por ejemplo, porque una mujer no es persona, de la misma manera en la que no lo era un esclavo, en el momento en el que no puede poner límites porque «no los necesita», «poner límites la convierte en mala mujer»; si está concentrada en el trabajo que se ha llevado a casa o en sus actividades de ocio, y su pareja o sus hijos la interrumpen, es de «mala mujer» poner límites y decir: «Ahora no, hablamos cuando acabe». Es de «mala pareja, mala madre, mala hija» no contestar al teléfono simplemente porque no le apetece o decir: «estoy estresada, este fin de semana me encerraré en el altillo a leer, por favor, ocúpate tú de los niños y de la casa». Una mujer no es persona, de la misma manera en la que no lo era un esclavo, en el momento en el que comete un delito grave, digno de ser sancionado con violencia, si mantiene relaciones sexuales con otro hombre distinto al que la ha tomado como suya. Es legítimo entonces que el hombre no se limite a abandonar esa relación, sino que la llame puta o la agreda físicamente «con razón porque ella se lo ha buscado, siendo una mala mujer». Una mujer no es persona, de la misma manera en la que no lo era un esclavo, en el momento en el que no tiene derecho a ofenderse si un hombre desconocido la califica gratuitamente, llamándola «guapa», «bombón», «pedazo de hembra», o lo que sea. No tiene derecho a ofenderse, no la está insultando. Es «mala mujer» si no acepta de buen grado esas calificaciones gratuitas que han de hacerla sentir orgullosa de lo que es para el patriarcado (costilla bonita que deambula en un territorio de hombres), son «piropos». Y como una mujer no es persona, sino sujeto a merced de la normativa que la convierte en «buena mujer», al igual que el esclavo estaba sujeto a la normativa que lo convertía en «buen esclavo», una mujer, cualquiera: yo, tú, nuestras hermanas, nuestras hijas… podemos ser víctimas de la violencia explícita que se desata cuando dejamos de cumplir estas normativas: «la pegué porque no me hizo caso»; «la violé porque llevaba falda corta y lo buscaba»; «la llamé puta porque se me quiso subir a la chepa y contradecirme delante de mis amigos».

¿Los esclavistas pegaban a los esclavos «por gusto»? No; habría esclavistas enfermos y crueles por naturaleza, pero la mayoría lo hacía por algún «motivo». El esclavo no rendía lo suficiente, el esclavo se escaqueó, el esclavo quiso subirse a la chepa… Ocurre exactamente igual con la violencia machista. El machismo es el adoctrinamiento social que genera esta violencia y combatir esta violencia «desde el machismo», ni soluciona nada, ni tiene sentido lógico en un contexto de personas que luchamos por la igualdad y el derecho a ser de todas.

Este es el vídeo que ha dado pie a este artículo:

ELLA ES MARTINA

En los primeros cuarenta y cinco segundos conocemos a tres niños. Cada uno nos dice su edad, su nombre y explica qué quiere ser de mayor. Luego aparece Martina. Martina solamente tiene nombre y aspecto de mujer (niña); Martina no tiene edad, o no hace falta preguntársela. Martina tampoco tiene expectativas, no sabemos qué quiere ser de mayor ni falta que hace que se lo preguntemos. A continuación, les pedimos a los niños que valoren gratuitamente a Martina. «¿Qué te gusta de ella?». Martina tiene que aceptar esta valoración gratuita sin decir ni mu, faltaría más, ¡la están piropeando! Luego, seguimos avanzando en la recopilación de derechos que no tiene Martina, y le solicitamos a los niños que la acaricien. ¿Para qué preguntarle a Martina si quiere o no que la acaricie un niño desconocido? Las caricias son buenas. Seguimos e invitamos a los niños a que le hagan caras graciosas a Martina. Durante todo este transcurso de tiempo Martina no tiene voz ni voto, no habla, no opina, no tiene ningún tipo de iniciativa, Martina no es. De hecho cabe preguntarse qué necesidad había de elegir una niña real para la campaña cuando ese desempeño lo podía haber desarrollado perfectamente un maniquí. La última solicitud que les hacemos a los chavales es que peguen fuerte a Martina. Todos se niegan y el último, para darle al guión ese giro redondo dice: «no la voy a pegar, porque soy un hombre».

Ya… es que la mayoría de los «hombres» machistas, no le pegan a una mujer de manera gratuita, esto es; sin que haya incumplido alguno de los códigos del adoctrinamiento machista. Hay hombres enfermos y crueles, pero la mayoría de los hombres adoctrinados en el patriarcado más puro, al igual que los esclavistas del S XVII, pegan por algún «motivo». Su mujer quemó el arroz y el venía enfadado del trabajo; su mujer le dijo seriamente que quería volver a trabajar y dejar de ser dependiente; su mujer se le subió a la chepa y le dijo que no quería volver a callar sus opiniones en público; su mujer le dijo que ya no quería estar más con él…

Las personas que luchamos porque todas tengamos la oportunidad de ser, de manera autónoma y libre, no necesitamos que nadie nos presente a una Martina que no habla, ni decide, ni pone límites. No necesitamos que el patriarcado más rancio enseñe a callar a las mujeres y, al mismo tiempo, predique: «a estas mujeres calladas, no se las pega; eres un hombre». No necesitamos que las Martinas del mundo se sientan felices protagonizando un anuncio en el que son «guapas» y «no se las pega ni con una flor». No necesitamos más falacias y juegos sucios. Por favor, ahórrense más campañas como esta, piensen en el trasfondo de lo que defienden y, si no pueden aportar en nuestra lucha –es obvio que ni pueden ni quieren-, sitúense en contra, incluso, abiertamente: digan que la violencia contra las mujeres, cuando está justificada, les parece legítima. Pero, por favor, no sigan tomándonos el pelo ni confundiendo a la gente que aún no se ha enterado de lo que va la lucha feminista.

Sobre Judith Bosch

Escritora y profesional de la comunicación. Si salimos de las cuevas y pudimos crear entornos que nos permiten vivir más de cuarenta años, podemos salir del patriarcado y crear una sociedad que nos permita "ser" a todas. Lo tengo claro.

3 thoughts on “Ella es Martina: sobre las campañas machistas en contra de la violencia de género.

  1. Hola Judith. Me gustó mucho tu artículo. Mientras lo leía, pensaba en la biblia, en la cual el apóstol Pablo pedía a los miembros de la iglesia ser buenos con los esclavos. Qué cierto es lo que dices. En el vídeo, ninguno de los niños entrevistados se tomó la molestia de preguntarle a Martina si podían tocarla o siquiera se les ocurrió la idea de cruzar con ella cualquier fonema. Martina solo servía de pretexto para reafirmar su llamada hombría, eran ellos quienes tenían el protagonismo, no la violencia de género. Replicaron esta situación en Chile y el resultado fue el mismo. En aquel caso, el vídeo termina diciendo: “A lo menos, en el mundo de los niños, la violencia contra la mujer no existe”. Muchas gracias por dar visibilidad a todo esto.

    1. Gracias por tu comentario, Cargolet. Tenemos mucho trabajo por delante en este terreno. Es relativamente sencillo que no veamos machismo en este tipo de campañas porque, de manera no consciente, como dices, las entendemos desde un punto de vista machista en el que los niños y los hombres son protagonistas y las niñas y mujeres meros objetos a su merced. No les tenemos que dar una medalla a los hombres por no pegarnos, sino que tenemos que trabajar para derribar la estructura patriarcal, que engloba roles, pensamientos y creencias muy profundas. Parece que la igualdad se reduce al voto y a poder tener trabajo y propiedades y no: la igualdad está en la función que desempeñamos en la sociedad y en cómo se nos siguen negando decisiones, espacios y libertad para ser.

  2. Es más, el final me parece un horror. Pregunta al cámara si puede besarla en la boca o en la mejilla. Ni se plantea preguntarle a ella.

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