Brecha salarial, precariedad laboral y el día en que solo quise ir al baño… de mujeres

Autora: Sophie Spinelle
Autora: Sophie Spinelle

 

Algunas horas por semana doy clases de francés en empresas. En estos momentos tengo una clase en el departamento de informática de una gran empresa española, mis alumnos son muy majos, aunque es un grupo muy raro: el 100% de mis alumnos son hombres. Con lo que a mí me gusta utilizar a mis alumnos y alumnas para trabajar el lenguaje inclusivo así como el masculino y femenino en las formas verbales.

Un día cualquiera de los que tenía clase, llegué con la necesidad imperiosa de vaciar mi vejiga. Hasta aquí, nada me hacía pensar que eso iba a ser una aventura. Así que llegué al despacho de mis informáticos, saludé, y les dije “ahora vuelvo que voy al baño“. El baño estaba justo al lado del despacho… ah no, ese es el baño de hombres.

– Perdón, ¿dónde está el baño de mujeres?
– Pues gira a la izquierda, y al fondo del pasillo a la izquierda, pasa la puerta de cristal y a mano izquierda lo verás

(Coño, más vale no tener prisa, aquello está a la otra punta de la planta)

Tras 150 metros de pasillos, llego por fin a la puerta con el iconito de mujer con falda. Está cerrada con llave. Un limpiador (hombre) muy amable se acerca diciéndome:

– ¿Qué, quieres ir al baño?
– Eh… pues sí, me gustaría…
– Es que está cerrado porque ya no tenemos secretaria.
– ¿Que la secretaria tenía un baño para ella solita? ¿Y dónde está el baño para las otras mujeres?

Totalmente descolocado el limpiador me contesta:

– Es que… no hay otras mujeres.

Me suele costar entender las cosas que no quiero entender, así que me quedo mirando a mi alrededor, y veo a 4 otros limpiadores  y un montón de despachos vacíos (porque es la hora de comer). Decido entonces contestar primero a mis necesidades fisiológicas y le digo:

– Aja… ¿tú me puedes abrir, por favor, o voy a un baño para hombres?
– No no, espera, que creo que la llave está por aquí
– ¡Gracias!

Así que 5 largos minutos después llego a mi aula/despacho de informáticos, y procedo a dar la clase.
Como íbamos por el condicional, al final de la clase tenemos una pequeña charla sobre “dos cosas que harías si te tocaran 50 millones de euros” y entre los típicos “yo me iría de viaje“, “yo haría una fiesta“, “yo dejaría de trabajar” uno de ellos me dice :

– Moi, je créerais ma propre entreprise (Yo montaría mi propia empresa).
– A ! Et tu emploierais des FEMMES dans ton département informatique? (¿y contratarías a mujeres en tu departamento de informática?) (llevaba una hora aguantando mi indignación, no lo pude evitar)
– Oui! J’emploierais des femmes! Évidemment. (¡Sí! ¡Contrataría a mujeres! Por supuesto.
– Parfait.

Más adelante, entiendo (y me confirman) que en esa gran empresa española modelo de éxito empresarial varonil sólo se contratan a hombres, no sólo en el departamento informático, sino también en logística, limpieza, compra, comercial etc… Eso sí, en recepción se turnan varias mujeres, que a los clientes les gustan las voces sexy. Las mujeres podemos entrar a dar clases porque son subvencionadas y no pueden elegir el profesor. Me consta que esta situación en la que se prima a los hombres en los procesos de selección es frecuente. No hay más que mirar los datos de la Encuesta de Población Activa para comprobar cómo la tasa de paro entre las mujeres es notablemente más alta que la de los hombres en todos los segmentos de edad.

Datos de la EPA II Trimestre 2016
Datos de la EPA II Trimestre 2016

 

La precariedad laboral también afecta en mayor medida a las mujeres, quienes pese a tener una menor tasa de ocupación, representan un mayor número de los contratos temporales.

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Lo mismo ocurre con los trabajos a tiempo parcial: son mayoritariamente las mujeres quienes se ven obligadas a recortar su jornada laboral para hacerse cargo de las tareas de cuidados. Un dato significativo: el 30% de las mujeres con hijos y empleo tiene trabajo por horas frente al 6% de padres; cuando no hay hijos también son mayoría las mujeres que trabajan a tiempo parcial, el 21,5% de las mujeres empleadas frente al 9,5% de los hombres. En cuanto a las excedencias o permisos de maternidad/paternidad, de los permisos totales, que en 2015 fueron 278.389, 273.181 fueron solicitados por las madres. Mientras que 5.208 fueron requeridos por los hombres. A la hora de atender la familia, el 94,02% de los permisos para cuidar de los hijos fueron solicitados por las mujeres, mientras que el 5,98% lo pidieron los hombres. Cuando hablamos de otros familiares distintos a los hijos, el 84,67% de los permisos fueron solicitados por mujeres y un 15,33% por hombres.

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¿A qué lleva todo esto? A que la brecha salarial entre hombres y mujeres se dispare. A que los empleos de mayor categoría estén vedados mayoritariamente a las mujeres pese a tener mejor preparación académica pues las carreras laborales de las mujeres son considerablemente más cortas y peor pagadas. Dejando al margen la diferencia por género en las carreras profesionales escogidas (enfocadas a los cuidados las de ellas, más precarizadas y peor pagadas cuanto más feminizado esté el sector), factor que ni siquiera hemos considerado aquí, la diferencia en el salario bruto por hora entre hombres y mujeres no hace más que acentuarse, lo que es aún más impactante cuando lo comparamos con la evolución en el resto de países de la Unión Europea durante el mismo periodo.

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Estos factores afectan negativamente a la empleabilidad de las mujeres, que ven cómo sus carreras profesionales se estancan a partir de determinada edad. España, 2016. Cuando hablamos de brecha salarial y techo de cristal, también nos referimos a todo esto.

No he vuelto a orinar en el baño de mujeres del fondo de la primera planta: ahora voy al de los hombres. Si a alguno le molesta, que me lo diga: le indicaré el camino del baño que está a 150 metros cerrado con llave.

{Artículo escrito en colaboración entre Raquel Rosell y Jéssica Fillol}

Sobre Raquel Rosell Llidó

Soy una simple ciudadana (no súbdita), mujer (no sumisa), madre (no sirviente), docente (no maga).

4 thoughts on “Brecha salarial, precariedad laboral y el día en que solo quise ir al baño… de mujeres

  1. Un ejemplo más de discriminación positiva a los hombres. En una empresa que sólo contrata a hombres, es evidente que hay algunos que están menos capacitados que las mujeres. Pero de esa discriminación positiva rara vez se habla. La cosa es muy simple, si no se contrata a una persona porque podría ser que, tal vez, en algún momento de su vida pudiera quedarse embarazada, la única alternativa es un hombre cis, que se lleva el puesto pese a que su CV es peor… Ahí queda dicho.

  2. Hola,

    El artículo me parece genial. Como crítica constructiva, diré que no se utiliza el lenguaje no sexista en algunos puntos, y que podría ser inetresante rectificarlo. Más que nada porqué parece que la autora muestra interés en este sentido cuando dice que enseña a su alumnado de francés a hacer un uso no sexista del lenguaje.

    Es más que nada en el párrafo dónde se habla de “los hijos”.

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