“No eres como las demás chicas, eres como un colega más”

misoginia interiorizada homosociabilidad
Ilustración por Downtownlocks

 

Durante mi adolescencia y hasta hace no tanto, solía rodearme de colegas tíos. Siempre me llevé mejor con ellos, sentía que teníamos más cosas en común.

Yo era de las pocas chicas del grupo. No sé cuántas veces me dijeron: “tú eres como un colega, en realidad”/”ella es como un tío”. A mí me encantaba escucharlo. Era un piropo, sin duda.

No fue hasta hace poco, con mis gafas feministas, que pude interpretar correctamente esta frase cargada de misoginia. Porque, ¿en qué condiciones ser hombre es un piropo? ¿Qué consecuencias psicológicas tenía para mí negar mi identidad -mujer- para poder ser aceptada y valorada por mis supuestos amigos sin entrar en conflicto conmigo misma?

“Valorada”, entre comillas. Eres “como un tío”. Pero no te engañes, no eres, ni nunca serás, un tío. Recuerdo infinitas veces en las que, a pesar de decirme esto, me veía excluida de su compadreo fraternal. Ya fuese porque hablasen sobre mujeres, fútbol o cualquier otra conversación excluyente, o simplemente se abrazaran o dieran codazos, yo no llegaba a ser uno más. Me quedaba en segundo plano sintiéndome mal sin saber por qué, y aún así, contenta por no ser como esas chicas que iban por ahí hablando de ropa y chillando. Porque yo era distinta, era mejor, era “casi un tío”.

Echo la vista atrás, a mi adolescencia, y sólo había dos formas de integrarte en un grupo de chicos: o te masculinizabas o te hipersexualizabas. O estaban a gusto contigo por mimetización o porque estabas buena y podían intentar ligarte. Una relación de igual a igual entre hombre/chico y mujer/chica no era posible.

Así que tenía que elegir. Porque yo quería estar con ellos. Sin duda, había aprendido que ellos eran lo mejor, la clase alta, el top. Y me masculinicé. Y empecé a odiar aún más las “cosas de chicas”. Esas cosas que aprendes que son tonterías y frivolidades, no porque lo sean per se, sino porque son Cosas De Chicas™ .

  • ¿Bikinis? Estúpidos. ¿Botas de fútbol? Brutal.
  • ¿Sentimientos y emociones? Coñazo. ¿Peleas? Alucinante.
  • ¿Bailar? Vaya gilipollez ridícula. ¿Correr detrás de una pelota? Interesantisimo.
  • ¿Menstruación? Qué asco. ¿Corridas, pajas, pollas? Cuéntame más.

Aprendí a tenerle cierta manía a las mujeres, porque a parte de ser competidoras de mi tan ansiada compañía (esto ya lo había aprendido en series, pelis y demás) sólo hablaban y hacían cosas ridículas. Empecé a interiorizar la misoginia, el odio a las mujeres.

Pero, ¡WAIT! Yo, de hecho, era una mujer. No podía evitarlo. Ya me lo recordaban mis amigos excluyéndome de sus pactos patriarcales.

Así que también aprendí a odiarme a mí misma. Al menos a esa parte de mí que me alejaba de ellos, que no me permitía integrarme del todo, por mucho que me masculinizase. La jerarquía social no es un buffet libre, no podía elegir las normas ni saltarme escalones.

Hasta que descubrí el feminismo y me reconcilié conmigo (estamos trabajando en ello) y con el resto de mujeres. Y aprendí que la homosociabilidad, “la avidez de los hombres por establecer relaciones entre sí”, es tan importante como la misoginia para establecer los pactos patriarcales que refuerzan la masculinidad hegemónica y la violencia física o simbólica que de ella emana. Ahora trato de elegir espacios seguros, donde me aprecien por cómo soy y no me sienta excluida por lo que no soy, y donde pueda hablar de lo que me de la gana sin que sea ridiculizado o invisibilizado por ser “femenino”.

Sobre Alex

Últimamente vivo tratando de desaprender lo aprendido. Ni oprimidas ni opresoras: Feminismo antiespecista o barbarie.

8 thoughts on ““No eres como las demás chicas, eres como un colega más”

  1. El “yo no soy como el resto de chicas” lo hemos pensado todas en varios momentos de nuestra vida. Cuando el feminismo llegó a nuestras vidas empezamos a hablarlo las amigas. Qué genial era que un tío te dijera “eres la chica más friki que conozco”, aunque mientras tuvieras que ocultar que eres mujer en un juego online por todo lo que suponía. Una amiga me decía que ella se sentía distinta porque no era de esas que dejaban a los tíos con el calentón, ella siempre llegaba “al final” (coitocentrista todo). Y claro, la siguiente conversación era cuantísimas veces hemos llegado “al final” sin ganas, por no ser malas ni calientas. El agarrarnos a que nos guste el fútbol, los juegos, los pogos, que no nos maquillemos, que no nos vayamos de compras o cualquier cosa que se salga de los roles para sentirnos aprobadas por los machos. Así era y ya no es, bendito feminismo 😀

  2. Gracias por este artículo. Hace tiempo que leí algo similar y me impactó muchísimo porque define toda mi infancia y adolescencia. Ser consciente ahora de la cantidad de misoginia interiorizada que tengo es un palo, pero es genial poder ir rechazando esas actitudes horribles… ¡ahora hasta reconozco que me gusta el color rosa sin vergüenza, sin sentirme débil! La de tonterías que nos hace interiorizar este sistema… ¡qué asco! Gracias de nuevo por colaborar en que caigan tantas vendas y por colocarnos y graduar nuestras gafas violetas.

  3. La historia de mi vida.. a pesar de que ya no soy así, hasta mi hermano sigue diciéndome que soy como un colega y hasta a veces se dirige a mí en términos masculinos como si fuese un hombre, aunque sé que lo hace de broma la verdad es que me molesta, lo que son las cosas que ahora odio cuando me masculinizan pero como dicen aquí antes a mí me gustaba, estaba orgullosa, me hacía sentir fuerte, diferente, porque además siempre he sido de esas que rechaza todo lo que considero ”debil” ya sea en un hombre o una mujer y hasta hace poco no me di cuenta de que yo misma a pesar de ser una mujer detestaba a las mujeres y las rechazaba totalmente, más bien lo que rechazaba era la feminidad en sí misma o lo que se suele entender por feminidad, la gracia es que me rechazaba a mí misma, primero porque soy mujer después de todo y porque este personaje que me creé de chica insensible y dura era todo una farsa para tapar el hecho de que me acomplejaba mucho ser mujer, siempre he sido muy orgullosa y competitiva y me reventaba ver que los tíos podían hacer y conseguir cosas que yo no solo por ser mujer, que supuestamente, como nos enseñan, ellos están por encima y nosotras somos el sexo débil y tenemos que jodernos y aguantar toda la mierda que nos echen, así que sí, quería ser un tío pero a la vez seguir siendo deseable y a la vez les guardaba rencor a los hombres, a las mujeres las veía como mis enemigas simplemente.

    Lo gracioso es que realidad soy más femenina que masculina (dentro de los estereotipos de la sociedad) me encanta el rosa y las cosas cuquis y siempre me visto muy femenina y me encanta cuidarme, la cosmética.. todo eso, a pesar de que mi personalidad es como ruda y cortante pero mis gustos son muy femeninos y en realidad me considero bastante sensible. No quiero aquí contar la historia de mi vida, pero de pequeña yo era calladita, no muy sociable, me gustaba estar a mi bola más que jugar con otros, leer o escribir antes que jugar.. era muy cuqui 😛 por ser así me hicieron bullying en la escuela y el primer año de insituto, sobre todo los chicos, eso creó en mí la idea de que ser tímida, femenina, sensible.. era malo y que lo mejor era ser fuerte y no mostrar debilidad alguna,  vamos algo muy típico, eso sumado a que mi madre es de las que se enorgullecen de tener muchos amigos hombres y no ser como las demás mujeres y siempre me decía que qué rara era que no salía a ella, qué sosita.. pues entonces me dije: ”mejor no ser así porque no le voy a gustar a nadie y se van a aprovechar de mí”, así que pasé de ser la chica tímida y reservada a ser la rebelde y juntarme con toda la gente guay y malota del insti. Recuerdo que esta contradicción en mí de ser a la vez muy femenina y muy masculina le chocaba (y les choca) mucho a algunos tíos que se pensaban que tenía transtorno de personalidad múltiple o algo XD pero hay tantos clichés sobre las mujeres que en muchos no entra la idea de que una chica pueda ser muy de gustos y apariencia femenina pero de cáracter fuerte e independiente. Ahora me pasa todo lo contrario, que me molesto cuando me lo dicen, porque yo no soy un tío, ni tampoco quiero ya pretender nada para agradarlos porque ya me dan bastante igual sinceramente. Al menos ya dejé de pensar que todo lo femenino da asco o es ridículo y que todo lo que sea ”débil” no merece respeto y es malo. Ahora ya no me hago pasar por extrovertida cuando en realidad soy introvertida ni nada de eso como hacía antes. Ya no me corto a la hora de mostrar lo que me gusta aunque algunos se piensen que soy tonta o infantil, ni de dar mi opinión aunque luego la consideren rara, sentimental, ridícula o hasta cursi 😉

  4. Bravo. Parecía un piropo, cierto, pero nunca lo fue. Yo mantuve algunas cosas “de chicas” (que irónico me suena ahora) pero las masculinizé. Si bailaba jamás sería como “ellas” sino como “ellos”. Leer revistas de chicas para reírme de lo que se escribía (bueno, eso me sigue dando risa), no tener sentimientos, no “gustarte” nadie… Era genial ser aceptada por eso. Y doloroso, pero entonces yo tampoco entendía porqué dolía.

  5. Excelente artículo! Ahora veo mi adolescencia de otra manera… y pienso que aún no me he librado al 100% de todo aquello.
    Recuerdo que a los trece años pensaba que estaría bien cambiarme de sexo si eso fuese posible (no sabía que en realidad lo era).
    Recuerdo que estaba orgullosa de no haber “caído en la trampa” en la que supuestamente habían caído las otras al querer “ser guapas”, maquillarse, depilarse e ir a comprar ropa, y consideraba estúpido casi todo cuanto hacían, pero también me parecía estúpido (aunque un poco menos, lo reconozco) que los chicos que conocía hablaran casi siempre de fútbol y videojuegos, y me consideraba un tanto ajena a unas y otros porque creía ser la única que leía compulsivamente.

  6. En algunos aspectos me siento muy identificada. Pero la verdad que sólo en una etapa de mi vida. Tampoco estoy al 100% de acuerdo, porque simplemente algunas exclusiones que comentas no las he vivido yo y porque actualmente de esos chicos solo conservo dos de aquella época y son los que me valoran como persona independientemente de mi sexo. Ahora bien, no voy a poner en duda que las demás hayan vivido de tal manera esas situaciones, simplemente yo no lo he vivido de un modo tan acentuado.

    Supongo que este post me ha tocado la fibra (será que no lo hacen todos, porque no me pierdo ni uno), pero es que actualmente, a mis 21 años, estoy relacionándome en la ciudad donde estudio con un grupo de chicos. Y después de mucho tiempo me siento muy bien porque creo haber encontrado a unos tíos que por primera vez no me juzgan ni por cómo vista, ni por a quién me folle, ni por lo que coma… Que cuando he pasado situaciones precarias han estado ahí sin si quiera tener tanta confianza conmigo. Que me han aceptado. Y sobretodo no han hecho nada de esto para intentar acostarse conmigo. Y lo más importante, que aunque tengan su lado cuñao algunos de ellos (no se puede ser perfecto muy a mi pesar) saben escuchar mi lucha y aprenden de ello.

    El otro día volviendo del hospital me eché a llorar de felicidad porque sabía que iba a verles al llegar. No sé, me apetecía compartir cómo me siento.

    Ojalá más grupos de hombres y mujeres en los que el trato sea de persona a persona.

  7. ¡Me ha encantado el artículo! Siempre me ha pasado más o menos lo mismo (aunque sí es cierto que yo no me veía desplazada del grupo en ciertas ocasiones, porque era “tan como un tío” que daba igual), hasta que llegó el feminismo. He aprendido a reconciliarme con las demás mujeres y no verlas como un género de cotillas y frívolas, porque no es así.

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