Hablemos de gordofobia: “¿Y las delgadas qué?”

Gordofobia privilegio delgado
Via Elzai

Cada vez leo más artículos sobre gordofobia ya sea en esta página u otras páginas también feministas. Me alegra poder abrir el debate sobre este tema, un tema que me toca directamente. Sin embargo, me han sorprendido los comentarios de algunas mujeres con físicos delgados que han manifestado inmediatamente su malestar al entender que se está negando su realidad, la realidad de unas mujeres que también son juzgadas. No es la intención, compañeras, tenéis el mismo derecho a quejaros que el resto, lo que me parece innecesario e inapropiado es negar la gordofobia.

En este sistema patriarcal, todas somos cosificadas y valoradas por nuestro cuerpo; la mujer es tratada como un objeto de deseo a merced del hombre, sujeto de poder. Se nos exige permanecer deseables según el canon de belleza establecido. Se entiende pues, que nuestro cuerpo siempre puede ser modificable, perfeccionado, para alcanzar reconocimiento social a través de la mirada masculina. Todas, absolutamente todas, recibimos comentarios malintencionados, valoraciones no demandadas, palabras obscenas o palabras de desprecio por nuestro cuerpo, consejos sobre como ser y estar. La mujer gorda es juzgada como una persona incapaz de perder peso, una vaga que no se mantiene saludable. La hipótesis de una posible depresión justifica su realidad corporal. A la mujer delgada se le aconseja coger algo de peso y se le insinúa padecer alguna enfermedad o anorexia. Del mismo modo, se le atribuye la incapacidad de comer saludable y la posibilidad de ser inestable emocionalmente (porque como ya sabéis, las mujeres somos todas unas histéricas).

Cuando sacamos a relucir el problema de la gordofobia no estamos negando esto, estamos ampliando nuestra visión con respecto a la presión estética, analizando otro tipo de opresión que el sistema ejerce sobre el tamaño y forma de nuestros cuerpos. El sistema traza una jerarquía; la delgadez y la gordura son los extremos de una línea asociada a la belleza y a la fealdad, respectivamente. Dicha línea está repleta de matices pero es reducida a su máxima expresión: lo delgado y lo bello es lo correcto, lo gordo y lo feo no. Así pues las realidades corporales más próximas a la delgadez están más arriba en la escala del privilegio formando parte de eso que llamamos normatividad. Otras realidades en cambio están más abajo, algunas incluso se sitúan en una escala muy inferior, donde directamente se les excluye de la ecuación. Esto hace que las mujeres con cuerpos más cercanos a la normatividad disfruten de ciertos privilegios; la delgadez no es el único símbolo de representación de la norma, la juventud, la tez blanca, las curvas asociadas a la feminidad, unos rasgos exóticos pero no excesivamente étnicos*  … también lo son. Las mujeres gordas sufrimos gordofobia por situarnos al final de esa línea, de esa jerarquía de la tiranía estética, pero existen otras realidades corporales, como las de aquellas mujeres que presentan una discapacidad física, que son invisibilizadas y marginadas en mayor grado, siendo objeto de múltiples formas de opresión.

Las jerarquías se extienden incluso dentro de cada realidad corporal. Porque todas las mujeres delgadas no son consideradas iguales, como tampoco lo son todas las mujeres gordas. Si eres una mujer delgada con poco pecho, pocas caderas, en definitiva, pocas curvas tipo reloj de arena (símbolo de feminidad y erotismo) sufrirás más comentarios dañinos que quién sí responde a todas estas características. Si tu cara tampoco responde a un canon seductor o considerado atractivo, también serás juzgada en mayor medida. Si eres gordibuena, tendrás privilegios sobre el resto de mujeres gordas. Las gordibuenas responden a un ideal aceptable (pero sin pasarse) de gordura donde no hay más michelines de los permitidos, se mantiene una proporcionalidad, se resalta el pecho, se marca la cintura y sobresale el trasero, una gordura donde la figura tipo reloj de arena se manifiesta de manera exuberante. La cara debe seguir manteniendo esas proporciones: labios, pómulos bien redondos, ojos potentes y expresivos. Las gorduras no consumidas por el sistema, no están permitidas. No está permitido tener el culo más estrecho que la espalda. O tener la barriga prominente. No está permitido tener los pechos pequeños si eres gorda. La etiqueta gordibuena no es más que otra forma de opresión. En definitiva; quién se acerque más a la norma delgada o a la reciente norma gorda, gozará de mayores privilegios, conforme nos vayamos alejando, los privilegios se irán diluyendo poco a poco dentro de cada realidad corporal.

Aún así, ¿por qué no es lo mismo ser delgada que ser gorda? ¿Dónde aparece el privilegio delgado? ¿Por qué no deberíamos usar como arma arrojadiza hacía la compañeras el argumento del victimismo de las mujeres gordas?

*Otro interesante y extenso tema a tratar; como una sociedad de consumo, capitalista y racista rechaza los rasgos étnicos.

1- La delgadez como ideal

La delgadez es el ideal a alcanzar. Las mujeres gordas, las mujeres en general, aspiramos a la delgadez. Las mujeres gordas esperamos que nuestra gordura sea un estado transitorio que poder modificar, que la gordura no sea nuestra realidad corporal definitiva.

Las dietas para adelgazar abundan sobre las dietas para engordar, que por supuesto también existen. El negocio de la pérdida de peso amasa una suculenta cantidad de dinero anualmente.

Las presentadoras, cantantes, actrices hacen esas dietas y se mantienen delgadas al máximo. De hecho, son reconocidas por su delgadez, porque la delgadez es glamour, es salud y belleza, es poder.

Nadie aspira a la gordura. Puede que algunas personas quieran engordar un par de kilos, que nos digan frases como “las mujeres de verdad tienen curvas”- (las mujeres de verdad…. ¡que te calles!)- pero igualmente la gordura no es ningún ideal. Porque cuando hablamos de engordar unos kilos, es “engordar unos kilitos” y cuando hablamos de “curvas” hablamos de tener bastante pecho, cintura estrecha, caderas anchas y por supuesto, ni un ápice de grasa de más.

La gordura se interpreta como algo nocivo, poco glamuroso, poco o nada estético, es vista como falta de buena salud, no otorga ningún estatus.

Las presentadoras, cantantes, actrices gordas son humilladas hasta la extenuación e indiscutiblemente lo tienen más complicado para conseguir trabajo.

La anorexia y bulimia* son producto de una sociedad que te dice que adelgaces. La obesidad no es producto de una sociedad que te dice que engordes. La anorexia y bulimia son consecuencia de un sistema que nos oprime, que nos señala, porque siempre podemos ser más delgadas, más perfectas. La obesidad no es el resultado de perseguir un ideal gordo.

Porque no, no es igual ser Penny (The Big Bang Theory) que ser Rae (My Mad Fat Diary).

*Dejar bien claro que rechazo por completo usar la anorexia y la bulimia para describir el físico delgado de otra persona. En algunas páginas de activismo gordo he podido leer comentarios malintencionados contra personas delgadas, especialmente mujeres, usando estos términos. No podemos permitirlo. 

2- Privilegio delgado

La gente delgada, en este caso algunas mujeres, no creen gozar de privilegios. Esto ocurre, en primer lugar, porque cada persona mira y habla desde su realidad, sintiéndose amenazada si le nombran otras realidades, como si por ello se les negara y, en segundo lugar, porque la normalización de las diferentes formas de opresión hace que al final no se perciban como tal, se diluyen e invisibilizan. La gordofobia es la broma que te persigue desde el parvulario, así que es lo normal y deja de tener relevancia.

Las mujeres gordas nos debemos justificar todo el tiempo. Debemos explicar porque somos gordas, intentando convencer a nuestro interlocutor que todo está bien a pesar de nuestra gordura, señalando que en algunos momentos hemos sido delgadas, que podemos volver a ese estado en cualquier momento, que hemos sustentado el éxito alguna vez.

En su mayoría, las mujeres delgadas no deben justificar su delgadez con tanta frecuencia ni percibiendo el mismo tipo de rechazo (insisto nuevamente: sé que no todos los tipos de delgadez son iguales y que muchas mujeres consideradas demasiado delgadas son objeto de comentarios malintencionados). Las personas delgadas que un día fueron gordas resaltan orgullosas que han conseguido con esfuerzo ser lo que son ahora y lo que son ahora es indiscutiblemente mejor que lo que eran antes. No quiero decir con esto que esté en contra de las dietas, entiendo perfectamente que si persigues un objetivo y lo alcanzas, te llenas de entusiasmo (yo misma he estado en ese punto), sencillamente lo que vengo a explicar es la diferencia clara entre gordura y delgadez.

Todo el mundo se vuelve nutricionista, médico de golpe y nos explican y señalan una vez tras otra que el peso es el culpable de todo. El dolor de espalda, de pierna, de oreja, de alma, todo es consecuencia directa de nuestra gordura. Nos aconsejan dietas y ejercicios. Porque claro, es evidente que te nutres de comida rápida y que no te mueves. La gente delgada puede ser perezosa, puede comer mal y tener problemas de salud, pero nadie les juzga por todo ello a simple vista. Las personas gordas casi debemos presentar pruebas sobre nuestro estado de salud general. Y ojo con tener algún problema, por pequeño que sea, será muestra suficiente para que crean que morirás atrapada entre tus michelines al día siguiente. Si por el contrario todo está en orden, nos dirán de qué modo hacer más ejercicio o cómo comer mejor todavía. Y nosotras seguiremos dando explicaciones, con temor a ser juzgadas nuevamente.

Esta práctica de justificarnos llega a tal punto que avisamos a nuestros amantes sobre lo que se van a encontrar bajo la ropa. O incluso pedimos que se apague la luz en la intimidad. O practicamos sexo con ropa. Tememos que nuestra gordura sea un problema. Tememos que nos insulten a nuestras espaldas, que cuenten que se han acostado con una gorda, entre risas. A menudo, debemos escuchar consejos de nuestros amantes, consejos supuestamente bien intencionados respecto a como debemos modificar nuestro cuerpo. Incluso nos comentan que no suelen practicar sexo con mujeres como nosotras. Porque las gordas somos percibidas como el último recurso sexual, como si no tuviéramos la posibilidad de ser deseadas, como si no pudiéramos ser atractivas. Si se fijan en nosotras, debemos estar agradecidas, si se fijan en nosotras es por algo que no saben explicar. No pueden decir sencillamente que les gustamos. No pueden porque sería reconocer que las normas se pueden romper, que no hay que reírse de nadie, que el sexo y el atractivo es más de lo que pensaban, sería asumir que deben posicionarse y cerrar bocas, bocas particularmente de colegas masculinos que ven en mantener una relación sexual con una mujer gorda el chiste del mes. La mujer gorda debe enamorar, debe llenar los corazones de las personas. Esa es la justificación perfecta para mantener sexo con nosotras: que nuestro interior esté repleto de bondad y que seamos simpáticas. Decir que nuestros culos, tetas, brazos, espaldas, gustan es decir una obscenidad. Porque somos vistas como un fetiche, un problema.

En algunos casos, las gordas directamente no existimos. Muchos hombres no han hecho uso de la descalificación (o no de manera demasiado obscena) para referirse a las mujeres gordas porque directamente no las han incluido en su círculo de amistades- al menos de manera pública-, porque no han mantenido relaciones íntimas con ellas, porque no han sido mujeres a las que acercarse ni conocer, porque el físico gordo ha sido una barrera. Muchas de esas personas ocultan si han intimado con una mujer gorda, sin embargo, no ocultan sus relaciones con mujeres delgadas. Obviamente, cada persona tiene su preferencia, pero si esto ocurre, es porque nuestros deseos también son educados en seguir la norma, la norma delgada.

El insulto ha sido una constante en nuestra vida. Nos gritan en la calle, en los bares y discotecas. Nos dicen “gorda de mierda”,”aparta gorda” o “puta gorda” sin venir a cuento. Y si no lo gritan, te miran, se ríen, te hacen saber de cualquier forma que no eres una persona atractiva a sus ojos, que es muy divertido reírse de ti, de lo que te sobra y de lo que te falta. Las mujeres en general sufrimos acoso por la calle, comentarios de todo tipo, pero las gordas son blanco fácil para chistes peyorativos.

La ropa es otro privilegio (y otra opresión): ¿habéis visto el tallaje de la ropa? ¿no os parece un atentado contra las mujeres? De entrada, cada marca tiene una talla totalmente diferente. Las tallas, generalmente, van hacía la baja: pantalones que parecen de jóvenes de trece años destinados a mujeres de treinta. Infantilizan nuestros cuerpos y nos repiten nuevamente que la delgadez es el ideal. En este punto, las mujeres gordas, tenemos muchos problemas para comprar ropa. Nuestras tallas no existen. Y si existen, la ropa no es de nuestro agrado (o es muy cara), ofreciéndonos prendas más oscuras, con más tela (porque debemos ocultarnos, claro está), negándonos la posibilidad de ir vestidas como el resto de mujeres de nuestra edad (cierto es, que cada vez hay más marcas de ropa ofreciendo alternativas a mujeres corpulentas).

3- La gordofobia no es victimización

La gordofobia no es una excusa para victimizarnos, este argumento es el mismo que se usa contra las mujeres feministas y sencillamente, carece de fundamento. Por sororidad deberíais entender nuestra lucha, por empatía y sobre todo, por sentido común. Negar nuestra realidad es negar todo lo explicado, es negar lo que tenemos ante nuestros ojos, es negar la superficialidad de esta sociedad que nos quiere con unas medidas y no otras.

Yo no quiero coger el rol de víctima y sacarlo con cualquier pretexto, sencillamente quiero combatir una situación que oprime e invisibiliza a mucha gente, especialmente a las mujeres. Reconocerme dentro de un colectivo oprimido, no es negar la opresión de otros colectivos. Que nos reconozcáis como un colectivo oprimido no significa que vosotras no lo seáis por muchas otras razones, incluido vuestro físico: por delgadas, negras, mayores, por tener poco pecho, por tener mucho… Como mujeres gordas no ostentamos todos los títulos de opresión, porque desgraciadamente, el sistema se nutre de muchos tipos de opresiones diferentes. No caigamos en la trampa de enfrentarnos las unas con las otras. Estamos en el mismo barco, no hagamos realidad el “divide y vencerás”.

A menudo, se nos trata como personas sin criterio, de manera condescendiente y paternalista (el sistema patriarcal usa estas herramientas contra todo aquel colectivo que no considera a su altura, ejerciendo control y poder, especialmente si somos mujeres). Si hemos sido incapaces de mantener nuestro físico en línea, ¿cómo vamos a saber vivir correctamente? ¿no serán estos lloros el resultado de una pataleta infantil? ¿acaso quieres ir de protagonista?

El debate no puede girar entorno a por qué estoy gorda, o si estoy o no sana, o si soy una víctima, si me saco partido vistiendo a la moda, el debate debería poner en el centro por qué nos oprimen, nos niegan, nos ridiculizan, nos invisibilizan, por qué debe existir un único modelo corporal, una única talla considerada buena, qué hay detrás de todo esto y las consecuencias que acarrea.

Las personas gordas desarrollamos nuestro criterio- como el resto, al menos teóricamente-, en base a nuestras experiencias personales, nuestra formación política, nuestra capacidad crítica. En este sentido, lo privado y lo público van interaccionando, entrando en múltiples contradicciones y llegando a nuestras propias conclusiones como colectivo pero también en nuestra individualidad. Por ello, se nos debe escuchar, apoyando nuestro empoderamiento, como en realidad, se debe escuchar a cualquier otro colectivo, siempre sumando fuerzas.

Soy víctima del patriarcado, del capitalismo, de la gordofobia, de muchas otras formas de opresión, pero ese rol no es inamovible, no es un rol que me persiga todo el tiempo. Reconocerme como víctima en algunos momentos no hace que no pueda oprimir a otras personas, ni me impide coger las riendas, dar respuestas, hacer activismo, pedagogía, trabajar por desarrollar redes de apoyo con el resto de compañeras y colectivos, deconstruirme y asumirme como sujeto con derecho a decidir. Porque de eso se trata, de cambiar la realidad social y dar cabida a todas y todos. Reconocer y aceptarnos a nosotras mismas, reconocer y aceptar al resto.

Para mí, esta es una cuestión política;

“Escribo sobre gordofobia porque la opresión contra nuestros cuerpos es una cuestión política. Porque rechazarnos, marginarnos, insultarnos, es expulsarnos de los espacios. Porque es patriarcado y capitalismo unidos contra quiénes rompen la norma. Porque una mujer que quiere participar activamente de la vida pública siempre será mirada con lupa y en esa mirada el componente físico pesa. Diréis que no, que esto no tiene ninguna relevancia, que en nuestros espacios de izquierdas es diferente, y es posible, seguro. El hecho es: ¿quién quiere dirigirse a un grupo de gente con temor a ser juzgada por su físico? Porque cuando has recibido comentarios constantes por ello, no esperas otra cosa. Sumad esto a la condescendencia y el paternalismo que sufrimos las mujeres. Sumad y reflexionar. Porque todo esto influye en si estamos o no en vuestros/nuestros espacios, en cómo estamos o cómo no estamos. Y por eso escribo. Porque quiero. Porque me parece importante. Porque repito, no es solo cosa del autoestima, eso es reducir al absurdo. Es POLÍTICA”, redacté recientemente en un momento de reflexión. 

Así que cuando abrimos el debate sobre gordofobia y preguntáis: “¿Y las delgadas qué?” con cierto sentimiento de menosprecio, yo contesto: “Las delgadas estáis aquí, a nuestro lado, apoyándonos, escuchándonos y dándonos credibilidad como compañeras sororas, porque esa sororidad va de vuelta cuando sois oprimidas, juzgadas de igual modo por vuestro físico, porque caminamos juntas y es un error negarnos”.

Sobre Carmen Godino Megía

Educadora Social. Combativa. En revisión constante. En lucha contra la gordofobia y otros modos de opresión. Heterodisidente. Del País Valencià. Feminismes per a canviar-ho tot!

13 thoughts on “Hablemos de gordofobia: “¿Y las delgadas qué?”

  1. Solo me gustaría decir que la anorexia y la bulimia no son cosa de ahora, son enfermedades mentales que han existido siempre (antes, sin embargo, no se tenía consciencia del problema y, es más, muchas de estas personas eran exhibidas en circos y sitios similares porque era impensable que nadie rechazase la comida), solo que ahora se ha potenciado y extendido de manera aberrante debido a los cánones de belleza de estos últimos 2-3 siglos.

  2. Y aún más. Cuando eres gorda tienes menos posibilidades de trabajar. Ya no solo en las entrevistas de trabajo donde piden “buena presencia”, que ahí ni locas, sino en otros trabajos donde el aspecto físico es superfluo. Las personas gordas son consideradas vagas. Estamos gordas porque estamos todo el día sentadas tocándonos el jigo mientras no paramos de devorar snacks y pastelitos.

    Cuando eres gorda las médicas no te escuchan. Si te rompes una pierna es porque estás gorda. No te van a hacer caso hasta que no adelgaces. Si comes sano y haces ejercicio no te creen porque estás gorda.

    A mucha gente le da asco (sí, asco) que una gorda le roce. Las gordas somos más guarras, porque somos más vagas, más perezosas… y obviamente más desaseadas. No llegamos a poder lavarnos el coño con el barrigón que nos gastamos.

    Y lo de que me digan “y las delgadas?”, me parece de traca. Es como si hablas de racismo y te sueltan “y las blancas?”, o de machismo y lees “y los hombres?”. En fin. Cosas veredes.

  3. A mí estos artículos me despiertan sentimientos encontrados, sinceramente, y éste en concreto una pregunta: dónde está el límite entre la gordibuena y la gorda a secas?? a partir de que punto de gordura aparece esta gordofobia? Me gustaría realmente que alguien me lo dijera para entender esta fobia.

    Un saludo

    1. En el artículo se explica que se considera “gordibuena”, y en internet puedes buscar info.

      Es una expresión reciente que viene a ofrecernos una gordura “a la moda”.

      Generalmente son mujeres muy guapas pero con una talla grande.

      Se las suele describir con mucho pecho, poca cintura, mucho culo y a poder ser poca barriga, es decir con una figura tipo reloj de arena muy marcada. También son mujeres con caras muy atractivas, pómulos marcados, labios carnosos, ojos grandes… Y visten a la moda.

      La gordofobia no aparece con un tipo de gordura, la gordofobia es un sistema que valora la delgadez como lo correcto y lo bello y proyecta en la gordura sus peores prejuicios.

  4. Reconozco que no hace mucho, estaba en el saco de la gente que se veía con derecho a juzgar a las personas gordas, y a darles consejos sin que me los pidieran. Incluso me enzarcé en una ocasión en una discusión por twitter. No estoy orgullosa de ello, pero bueno, puedo decir que he aprendido y he cambiado… he comprendido.

    Muy buen artículo.

  5. No estoy de acuerdo en absoluto.
    Yo no me siento amenazada por la gordofobia, me siento amenazada por las herramientas que se usan para acabar con la gordofobia.
    Igual que la autora afirma que una delgada no puede conocer la realidad de una “gorda” (odio esa palabra, por cierto), ella no puede conocer la realidad de una delgada. Y con delgada me refiero a “flaca”. La palabra que más veces he escuchado al referirse a mí ha sido “enferma”. No bella, no guapa, enferma. Así que tampoco debería generalizar con lo de “delgadas”, porque algunas (las que nos alejamos mucho más de la delgadez que mola, a las que nos han pedido que nos pusiéramos una camiseta en pleno acto sexual) llevamos una vida entera jodidas, haciendo auténticas locuras por coger, no “un par de kilitos”, como ella asegura, si no 20. Veinte kilos. Y hablar de esto no significa en absoluto negar la gordofobia. Jamás en mi vida la he negado, y pongo muchísimo más énfasis en ese problema, porque lo considero un problema mucho mayor.
    Pero tampoco voy a callarme yo. Y no, no me considero una víctima, pero los antidepresivos, los ansiolíticos y la falta total de autoestima no me las quita nadie. Así que tampoco trivialicemos otras realidades, que parece que encima tengo que dar gracias por estar esquelética porque, claro, hay personas que están peor que yo.

    1. Lee atentamente. No trivializo NADA. Recojo como os dicen palabras mal sonantes a las personas delgadas. Expongo como se usa incluso la palabra anoréxica a modo de burla y rechazo ese comportamiento. Explico detalladamente que no todas las formas de delgada son vistas iguales y un largo etcétera. He sido delgada. Tengo amigas delgadas. Hablo con gente delgada, conozco sus quejas. Las he escuchado atentamente y he empatizado con ellas, con mucha sororidad. Eso también se refleja en el artículo. Considero que a mucha gente el contenido le ha dado igual y que me han prejuzgado desde el minuto uno por el simple hecho de tratar un tema controvertido. He tocado un punto sensible lo sé. Pero la realidad es así. El ideal es delgado al margen de tu realidad, al margen de la mía. Reflexiono sobre la presión estética, sobre que hablar de gordofobia no es negaros. Pero aún así se pone en mi boca cosas que no recoge el texto. Ah. Yo no odio la palabra gorda. La palabra gorda no es buena ni mala. Le atribuimos valor nosotros y nosotras. Y el hecho de ser vista negativamente es una prueba más de la gordofobia; lo gordo está mal. ¿Has leído el final del artículo?¿has leído como digo literalmente que yo estoy al lado de todas las compañeras que sufren por la presión estética? Porque parece que no. Estoy cansada de justificar una opinión tan detallada y tan pedagógica. No hay ni ápice de odio, ni de rechazo, ni de negación en mi texto. Y si has leído eso te han cegado tus propios prejuicios y tus propias conclusiones.

  6. Estos artículos me gustan mucho porque como dijo Mamba: me despiertan sentimientos encontrados.

    Es cierto que todas las mujeres somos juzgadas por cualquier cosa, pero un factor que siempre se presta es el peso, nunca falta.

    El comentario de Eva me parece super acertado en este caso. Porque es verdad que las delgadas también somos juzgadas, pero no se nos margina como se hace con las mujeres que tienen unos kilos más arriba.

    Yo pienso que noos debemos apoyar siempre, sin importar quién sea más víctima. Al final del día estamos luchando por un mismo objetivo.

  7. Em sembla especialment interessant la part en què insisteixes sobre l’opressió que afecta totes les dones, que és l’important, en comptes de les etiquetes “prima”, “grassa” i “gordibuena”. Estaria bé passar l’article a gent com les  loversizers (de Weloversize) que en comptes de negar l’opressió estètica (i creient-se feministes, sembla) prenen com a última reivindicació ser “gordibuena” cool.

  8. Interesante post, me gustó. Yo soy flaca y pequeña de estatura y mi figura sí puede causarme inseguridad pues muchas veces también se me infantiliza. Pero es innegable que dentro de las exigencias estéticas, un cuerpo delgado es privilegiado sobre los demás. Yo he descalificado a mujeres por su gordura pero se me ha quitado ante el evidente hecho de que a la mujer sufre demasiada presión social por encajar en un solo molde cuando somos de muchas formas. Mi compañera de casa es de esas chicas que tienen grandes senos y eso le ha causado muchos conflictos con su imagen, pues se piensa gorda y de verdad no lo está, pero la inseguridad está ahí, constante y le cuesta trabajo aceptar su figura porque por todos lados se determina que ella o no encaja o es un fetiche. Sin embargo me han surgido un par de dudas, y las pregunto con toda la humildad del mundo.
    Entendiendo mi privilegio, ¿está mal entablar diálogo cuando una chica dice cosas como ‘Las mujeres de verdad tienen curvas’? Entiendo que es una forma de empoderamiento, pero no la encuentro efectiva en tanto que implica que el resto de las mujeres que no son curvilíneas (y con esto ojo, que hay mujeres cuadradas y planas que no son delgadas ni gordas) no somos mujeres de verdad. ¿Entonces qué somos? ¿Cómo producir un diálogo donde el empoderamiento sea para todas las mujeres independientemente de su forma física?
    Y otra duda me asalta. ¿Cómo tratar un tema así cuando vivo en un país (México) donde la diabetes y las enfermedades cardiovasculares están tan ligadas a la obesidad -aunque no son exclusivas unas de la otra- las cuales son las primeras causas de mortandad, inclusive por delante del asesinato vinculado a la ola perpetua de violencia? ¿Cómo hacer consciencia de este tema de salud pública sin que se proyecte culpabilidad sobre las personas que sufren obesidad o hasta en aquellas que simplemente su complexión física no es delgada?¿Cómo dejar de lado que hay una tendencia global creciente en hábitos de consumo cada vez más perjudiciales tanto para los humanos como para el medio ambiente?
    ¿Cómo hacer estas preguntas o tener estas conversaciones sin caer en una forma de ‘fat-shaming o ‘fat-explaining’?
    Espero se entienda mi post desde un sincero interés por aprender y no desde una perspectiva defensiva que no nos ayuda un diálogo. 😉

    1. Buenas.

      Gracias por tu comentario. En primer lugar, rechazo por completo el discurso de “las mujeres de verdad tienen curvas”. Nadie debe decirnos si somos de verdad o no y menos como debe ser nuestro físico.

      Por otro lado, no sé como contestar a tu pregunta sobre como tratar el tema sin dar la espalda a asuntos importantes de salud. Voy a darte mi punto de vista pero seguro que hay gente más formada en esto.

      Yo entiendo que puede existir un riesgo en pesar mucho como lo hay en pesar muy poco, pero también entiendo que cada realidad corporal es un universo. El problema de las campañas sobre la salud es que acaban teniendo un fuerte componente estético. Asumimos que todas las personas gordas comen muy mal y que no se mueven. Los anuncios están plagados de modelos que viven de su físico, un físico muy normativo. Son esos anuncios quiénes se graban en nombre de la salud, pero que yo sepa en el anuncio no sale mi padre, quién aún teniendo barriga, sale a caminar todos los días y cuida lo que come. En el anuncio sale un modelo que vive de su imagen. Así que se confunde todo; lo estético y lo saludable entran en un juego que causan muchos prejuicios.

      También me parece que hay una exigencia brutal en conseguir el peso justo. El mercado hace de eso un ideal a perseguir negando otras realidades corporales y diciéndonos que si no consigues ser mejor difícilmente serás aceptado, algo que es excluyente y muy cruel.

      Desconozco las estadísticas de tu país pero te pondré el caso de EEUU donde se dice que hay mucha obesidad. Para mí es un caso de capitalismo brutal. Las verduras y frutas son caras, mientras las grandes compañías de comida rápida ganan mucho dinero con malos alimentos nocivos a bajo coste. La gente pobre compra esa comida que no nutre y engancha como una droga porque no pueden acceder a otros productos. El problema aquí no es la gordura, y da igual las campañas de salud que hagan, porque el problema real es la pobreza y el capitalismo feroz. Quieren a la gente enganchada a su comida, para vender más y más. El discurso de la salud es hipócrita cuando a la misma vez se está dando derechos y muchos espacios a empresas explotadoras de comida rápida. Pero el tema se reduce al absurdo: los gordos tienen culpa de ser gordos, ¡deben poner de su parte! Entonces nos olvidamos que la empresa multimillonaria que vende muerte o el gobierno corrupto que se alía con la empresa son los culpables y que el problema es de clase y no de salud.

      Ciertamente la industria alimentaria está destruyendo el medio ambiente. Empezando por la explotación y asesinato masivo de animales que creemos a nuestro servicio para ser consumidos por los humanos a un ritmo imposible. Podríamos poner el acento en generar otros sistemas de producción de alimentos; comercio de proximidad, agricultura ecológica, rechazo al consumo de carne y pescado (veganismo), cooperativismo, etc.

      Creo que es muy importante señalar que lo que criticamos es que se nos oprima por tener una talla y no otra, que se vea como normal hacerle la vida imposible a alguien por sus kilos, ese es el punto necesario de reflexión; no tenemos derecho a perseguir a alguien y joderle la vida.

      Mi gordura no es una enfermedad, pero pongamos por un momento que lo fuera. Utilicemos el discurso de quiénes nos critican. Vale, ¿insultaríamos a un enfermo por la calle?¿Le culpabilizaríamos?¿Le señalaríamos todo el rato? Creo que no, pero con la gordura somos duros, porque entendemos que la persona no hace nada por mantenerse bien, prejuzgamos su situación sin tener elementos suficientes y por supuesto lo estético tiene mucha importancia. A la persona gorda se le van a atribuir problemas de salud aunque no los tenga. No así a la persona delgada. Nuestra valoración viene de una imagen. Eso es un prejuicio y los prejuicios a menudo nos llevan a error.

      Imagínate también que la persona gorda deseara cuidarse más, salir a correr, hacer deporte, arreglarse para salir de fiesta. ¿Tú crees que ver a gente burlándose o ir a tiendas donde no encuentras ropa ayuda en el proceso? La realidad es que eso a algunas personas las deprime más y las hace encerrarse en su mundo. Si queremos ayudar a alguien debemos escucharle y respetarle. No podemos perder eso por muchas teorías sobre la salud que creamos tener.

      En cuanto a la presión estética hacía la mujer, creo que un paso es atacar al machismo, que la mirada masculina carezca de importancia. “Debes estar guapa para tener novio”, debería pasar a la historia, no deberíamos decirlo por más tiempo. No somos un objeto para decorar y menos un objeto para el hombre.

      Veo importante restarle importancia a los conceptos de belleza y fealdad que tenemos en la sociedad y que nos limitan y oprimen. ¿Qué es bello, qué feo y quién lo dicta? ¿Lo feo directamente debe ser excluido, por qué? ¿Qué valor tiene lo bello? Podríamos partir por responder a estas frases a modo de reflexión.

      No sé si contesto a todas tus preguntas. Pero espero ayudarte.

      Besos.

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